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Ni madurez ni estabilidad…

Una conferencia telefónica de más de una hora mantuvieron el viernes Peña Nieto y Trump. Todo después de la cancelación de la reunión que tenían a días, y del portazo en las narices que se llevaron el ahora canciller Luis Videgaray y gente que lo acompañaba, pese a la relación, —excelente para algunos—, que el diplomático mexicano lleva con el yerno presidencial norteamericano Jared Kushner, volviendo con cajas destempladas ante las reacciones de Donald Trump.

Diez horas estuvo la delegación mexicana negociando con miembros del gabinete estadounidense, para que al final, el presidente anunciara que todas las importaciones mexicanas se gravarán con un 20%, a fin de que con estos recursos se financie el ignominioso muro que tanto está distanciando a ambos países.

En mi pasada columna escribí que entre todo el acontecer habiendo apenas tomado el poder, la actitud y la conducta del empresario metido a presidente, no le facilitarían las cosas, ya no de vista hacia el exterior, con México en medio, y hacia el mundo entero, sino al interior mismo de su país, dado que se sigue conduciendo como si siguiera siendo candidato.

Los cambios bipolares en sus declaraciones luego de que golpea primero, son verdaderamente contrastantes y difusos, provocando con amenazas sentenciosas, más confusión que certeza. Respecto a la llamada con Peña Nieto, refirió que había sido muy buena, reiterando su intención de buscar una relación justa con México, cuando había ya firmado una orden ejecutiva para la construcción del muro fronterizo, asegurando que la nación mexicana lo pagará al cien por cien, mofándose con ironía de la negación del Mandatario mexicano, de que bajo ningún concepto ni condición su país pagará por él.

La relación de Trump con los medios se encuentra en plan de choque frontal, toda vez que mantiene una discriminación periodística amordazadora, que hace que los profesionales mediáticos estén gestando un boicot para no asistir a las ruedas de prensa citadas por la Casa Blanca, ante las declaraciones ofensivas y hasta hirientes del neoyorkino presidente, minimizando la labor informativa.

Para nuestro país, las actitudes mostradas desde su campaña, y más ahora ocupando el puesto, han sido a la contra aprovechando situaciones que marcan diferencias substanciales de ambas naciones, en las que los contrastes, quiéranse reconocer o no, a la vista saltan en distintos aspectos fundamentales que señalan posiciones.

En el económico, indiscutiblemente que EE.UU. es la potencia con más poder, ante una nación emergente, en la que se desarrolla una democracia joven, con un gobierno que afronta grandes problemas operativos, dado que sus instituciones carecen de solidez y capacidad, para una operación gubernamental de primer nivel.

En el aspecto político, el gobierno norteamericano se inicia bajo expectativas controversiales, bajo la batuta incierta de un director carente del mínimo sentido de sensibilidad, —“ si no pagan… que no vengan”—, polémico, víctima de su lengua amenazante, y con un estilo que dista con mucho de las más elementales normas diplomáticas, cuando la presidencia mexicana la ocupa un Mandatario falto de fortaleza, que padece una impopularidad palpable y acosado políticamente desde distintos flancos.

Ahora, después de cómo se ha referido a los mexicanos, tras de la cancelación de la reunión presidencial hecha por el Presidente Peña, Trump, hablando para sus partidarios, afirmó que había sido de “mutuo acuerdo”, y que no habrá otra, hasta que México trate a EE.UU. con “justicia y respeto, no hay otra opción…”.

Por otro lado, Carlos Slim, el magnate mexicano más importante y reconocido a nivel mundial con autoridad para externar criterios y opiniones, pide que se cierren filas detrás de Peña Nieto, a fin de dar unidad nacional que le dé al Gobierno fuerza, para que las negociaciones se hagan con determinación a conveniencia de los intereses nacionales, reconociendo, —y bien que lo conoce—, a Trump como “un buen negociador”.

Importante sería que Slim participara en las negociaciones dada su sobrada experiencia y sentido empresarial nacionalista de principio y con proyección internacional.  Ojalá…

Ojalá, cuando el panorama se presenta turbio, áspero, difícil, pero cuando se sabe negociar…

Y…  PENSÁNDOLO BIEN.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN, se discute ya la capacidad de gobernar de Donald Trump, dada la inestabilidad e inmadurez emocional que desde candidato mostró, lo que tiene preocupados a miembros importantes del Partido Republicano, que por unos motivos u otros lo proyectó, que les ha llevado en una reunión de pasados días a cuestionar, no tan solo el estilo de gobernar, sino hasta su estado de salud mental, dadas sus torpezas y la falta de lógica en su decir y en su accionar.

Al tiempo…

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