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Martes, 22 de Enero 2019

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Murdoch en México: ¿Miedo a los medios?

Por: El Informador

Por José Carreño Carlón
Más importante que el pastelazo parlamentario sobre la cara de Rupert Murdoch es el debate abierto por el escritor y periodista británico Timothy Garton Ash sobre la actitud de los políticos de su país ante la poderosa prensa amarillista. Como una cultura del miedo en el corazón del Estado, la describió. Y de allí el sometimiento de los jefes de Gobierno y de los jefes policiales a la conducta delictiva y la impunidad del imperio mediático del magnate. A su vez, el también periodista británico John F. Burns, jefe de la oficina del New York Times en Londres, escribió que la grave crisis política de Gran Bretaña ha abierto preguntas fundamentales sobre la cultura de la colusión entre políticos y medios de comunicación. ¿Cultura del miedo, como lo plantea Ash, o cultura de la colusión, como dice Burns? ¿Y por qué culturas? ¿Qué, de plano, el miedo y la colusión pueden definir los modos de ser y de actuar —las costumbres— de los grupos identificados como políticos y periodistas? Y, lo más importante para nosotros, ¿qué relación tendría este dramático episodio de políticos y medios británicos con la relación entre medios y política en México? La respuesta a esta pregunta es obligada ante reacciones locales tan desproporcionadas como una que trazó ligas conspirativas entre Murdoch y algún magnate mexicano de la televisión. U otra, que sugirió un paralelismo en el que, como el premier británico, Cameron, también el Presidente Calderón estaría al borde del precipicio, por su relación con los medios más poderosos. La prensa y los perros En el caso británico, el miedo que habría paralizado a los gobernantes ante la prensa amarillista sería un efecto del poder incontrastable de esos medios. Pero, más que por colusión —que implica un pacto entre partes simétricas— el miedo habría llevado al sometimiento de la parte estatal al patrón delictivo impuesto por la parte mediática. Estamos aquí ante medios con iniciativa y agendas propias, que en su búsqueda ilegal de información cometieron delitos en materia de telecomunicaciones y derechos de las personas, lo mismo contra actores públicos y sus familias que contra gente común. En la tradición angloamericana de estudios del periodismo el concepto de “watchdog”, o perro guardián, ilustró la función de la prensa de vigilar, supervisar y exigirle cuentas a los poderes, en nombre de los particulares. En el otro extremo surgió el concepto de “lapdog” o perro faldero, el que está en el regazo del dueño, que se aplica al periodismo dócil con los poderes. El modelo Murdoch completa el ciclo de metáforas caninas con el “jonkdog”, o perro del basurero, la prensa que ataca a todos: a los poderes y a los particulares en nombre del negocio propio. Colusión y miedo Con su propia agenda, con sus propios recursos y para su propio beneficio, los medios de Rupert Murdoch realizaban sus intervenciones telefónicas y de internet y compraban información de proveedores oficiales, en el ejercicio de un periodismo de investigación ilegal. Y aquí empezarían las diferencias y las coincidencias entre este caso de periodismo basura británico y las peores tradiciones del periodismo mexicano. Por ejemplo, cuando cometen ilegalidades y atropellos los medios mexicanos, como la publicación de una averiguación previa o la difusión de una grabación ilegal, no suelen partir de una investigación propia —ni legal ni ilegal—, sino que generalmente lo hacen con la agenda, los recursos y en beneficio principal de sus fuentes: los poderes políticos o económicos en pugna. Y en términos recogidos por Burns para Gran Bretaña, aquí también podríamos hablar de cultura de colusión, como lo hizo desde 1995 William Orme para el periodismo mexicano. Sólo que de una colusión bajo la agenda de los políticos y no de los medios. Y por supuesto que también podríamos hablar, en términos de Ash, de una costumbre del miedo entre los actores públicos mexicanos, que, en efecto, viven cuidándose de los golpes mediáticos encargados por sus adversarios.

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