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México-Tenochtitlan 1550

México-Tenochtitlan 1550

México-Tenochtitlan 1550

A León-Portilla, mi tlamatinitzin

A menos de treinta años de consumada la conquista del Valle de México, en el primitivo Colegio de Santiago Tlatelolco, ya se estaba haciendo un mapa del valle de México cuya calidad sorprende a propios y extraños. Es el denominado Mapa de Uppsala, que fue a dar hasta esa ciudad, hoy industrializada del sureste de Suecia, a menos de una horita de la capital.   

Vale aclarar que, desde 1477, Uppsala tiene Universidad y a ella le debemos la longeva preservación de tan valioso documento. Desde fines del siglo XIX se había empezado a dar a conocer y, antes de que terminara la centuria en Londres y Estocolmo se hicieron un par de ediciones en blanco y negro y en un tamaño muy reducido. Aunque con ellas bastaba para percibir su enorme importancia, no tienen comparación con la utilidad enorme de esta edición que nos ofrece ahora la Editorial Era, con el respaldo económico del gobierno y de El Colegio Nacional. Sin embargo, los estudios que entonces se hicieron de esta gran pieza de 114 centímetros de largo por 78 de ancho han sido aprovechados por Miguel León-Portilla y Carmen Aguilera como punto de partida para el espléndido estudio que ambos hicieron del documento.

Cabe felicitarnos también porqué, además de la reproducción con la mayor cercanía posible a la exactitud en cuanto a su tamaño, coloración y contenido, en el libro mismo se incluyen también diversos mapas y esquemas que ayudan sobremanera al entendimiento y aprovechamiento de dicha carta. Piénsese que difícilmente puede haber, al menos por el momento, quien esté en condiciones mejores de hacer el referido estudio.

Como podrá, verificar quien se interese y se asome en dicha obra, mapas trazados en esa época para informar a funcionarios y autoridades del gobierno español de entonces de las “cosas de la Nueva España” —así precisamente tituló Bernardino de Sahagún su magna obra, hecha más o menos en el mismo tiempo—, se deben generalmente a personas que, aun siendo muy duchas, se alimentaron tan solo de testigos y de textos, pero jamás vinieron al Nuevo Mundo. Esto se percibe, precisamente, por los dibujos generalmente de templos y casas habitación que asemejan a las europeas. Dicho de otra manera, nadie que haya visto la ciudad de México podría haberla dibujado con tales construcciones.

No es el caso del Mapa de Uppsala, pues resulta evidente el aserto de Aguilera y León-Portilla de que fue hecho en México. ¿En qué parte? pues seguramente, como se dijo, en el colegio tlatelolca donde varios indígenas aprendieron técnicas europeas.

Pero hay un dato adicional, sin ánimo de entrar en más detalles. En la dicha carta, la benemérita casa de Tlatelolco aparece en el lugar correcto, pero dibujada con un tamaño muchísimo mayor que lo indicado por la proporción. Era un modo de firmar la obra.

 

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