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Malos síntomas

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Malos síntomas

Partidos viejos o partidos nuevos, pero las actitudes y las prácticas acaban siendo las mismas. Nadie debiera dedicarse a la política si no ha comprendido el valor y la importancia de la crítica. Este ejercicio del pensamiento es y ha sido crucial en el desarrollo y progreso de la humanidad en todos los tiempos.

Saber escuchar a los demás exige tener la capacidad liberadora de admitir ser criticado, y aún más, saber criticarse a sí mismo. Sí, si es asunto de nivel de inteligencia pero también de la personalidad que se posea. Por lo común las personalidades patológicas, enfermizas, débiles, son acérrimas enemigas de toda crítica, porque invariablemente la asumen como un asunto personal o de partido. También es cierto que la inteligencia de un ser humano se mide por la capacidad de aceptar sus errores, de abrirse a la crítica de los demás y saber responder a ésta de manera honesta. Solamente el dictador se aferra a sus decisiones así sean a todas luces equivocadas, porque está de por medio su soberbia personal, su concepción del poder y la necesidad de conservarlo sin mancha.

En el gobierno de nuestra ciudad y del mismo estado, la suma de errores, equivocaciones y fallas que se han cometido son cada vez más numerosas, y persisten precisamente porque los responsables, lejos de admitir sus yerros, se escudan en frases como “se politizó el asunto”, palabra mágica que abre las puertas de la prepotencia y la impunidad, ¿si algún tema se politiza ya ningún razonamiento es válido? Ciertamente tras el verbo “politizar” se oculta la lucha encarnizada que se da entre los partidos lo mismo en el gobierno estatal que sobre todo en el municipal, donde los regidores piensan que su trabajo consiste en bloquear una y otra vez las propuestas y decisiones del partido opositor, y como lo toman por costumbre se entiende que aun cuando su oposición sea legítima y objetiva, sea infravalorada por los afectados, bajo el esquema de que se politizó.

Igual lamentable importancia tienen en el discurso burocrático los abundantes sofismas con los que se pretende justificar decisiones impuestas y erróneas. ¿Quién puede negar que las expresiones culturales sean valiosas para la sociedad? ¿Pero, qué padre de familia gasta en objetos suntuarios cuando no tiene para dar de comer a sus hijos? Por lo mismo, que en Guadalajara se exhiba hoy el bolígrafo más caro del mundo, avala a la autoridad o le hace un monumento a su ¿obstinación?

Acabar, deformar, marginar o ningunear las tradiciones tapatías con el sofisma de que son una vez al año, o que hay que cuidar a los animales, es decir, a los caballos de las calandrias, ¿es también parte del proyecto cultural de los nuevos partidos políticos?

Son novatadas, es comprensible, pero no es justificable que quienes obtienen democráticamente la autoridad, la ejerzan luego pisoteando la democracia con frases como “digan lo que quieran”, “se hará les guste o no les guste”. Tampoco es admisible que se quiera imponer la visión de ciudad de unos sobre la de otros ¿no es más inteligente conciliarlas?

armando.gon@univa.mx

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