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Luz y sombra

Luz y sombra

Luz y sombra

Disputado apenas a la tercera parte del camino, es obvio que el Clásico del sábado en el Estadio Jalisco no define situaciones, ni prefigura el rumbo que vayan a tomar sus protagonistas en lo que resta de la contienda…

En cualquier caso, como un viraje espectacular no ocurra, tanto el funcionamiento de los equipos como el resultado del encuentro, fueron luz y sombra: síntomas de que el vencedor quiere ser actor de la Liguilla —y aspirante al título, en consecuencia—, en tanto que el vencido parece destinado a quedarse, una vez más, en el limbo de la mediocridad: más allá del bien y del mal.

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Por cuanto se ha escrito sobre el tema y por el ruido que suscita cada edición del Clásico, se supone que el simple hecho de disputarlo debe constituir una motivación adicional para sus actores…

Fue lo que denotó, en la etapa inicial de ese cotejo, el Guadalajara. Por una parte, confirmó los progresos que —con todo y los traspiés que tuvo en su cancha ante Tijuana (0-1) y Santos Laguna (1-1)— ha mostrado desde la campaña anterior. Por la otra —y eso fue, quizá, lo más importante— superó notoriamente al adversario en el rubro de la disposición anímica.

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A falta de contundencia —una limitación genérica del futbol mexicano, y, por ende, específica de las Chivas—, las posibilidades de mover el marcador fueron consecuencia de pifias del cuadro bajo rojinegro; pifias que resultan escandalosas en partidos normales, y en un Clásico adquieren el rango de imperdonables…

Primero, la falta de Madueña sobre Brizuela —empujón con el brazo sobre la espalda—, correctamente sancionada por el silbante con la pena máxima y convertida en gol por Zaldívar; más tarde, el saque de meta de Ustari, interceptado por el mismo Zaldívar y aprovechado por Pineda tras el rechace del arquero rojinegro, fueron, en toda la extensión de la palabra, sendos regalos que un Atlas tibio, adormilado, contemplativo, otorgó a un rival con el que supuestamente es imperativo poner en juego, en cada lance, lo que es fama que se le pone al rompope.

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El aparente equilibrio del segundo tiempo sirvió, en todo caso, para que los rojinegros anotaran el gol que permitió a sus seguidores alentar en vano la esperanza de un desenlace épico, emotivo, heroico, “a lo Atlas”… Un desenlace que el Atlas, esta vez, no merecía. 

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