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Viernes, 23 de Agosto 2019
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Luis Barragán: preguntas a 25 años de su muerte

Por: Juan Palomar

Luis Barragán: preguntas a 25 años de su muerte

Luis Barragán: preguntas a 25 años de su muerte

A un cuarto de siglo de la muerte de Luis Barragán (1902-1988), con la perspectiva que han dado estos años de estudios críticos y de valoraciones muy diversas, es razonable afirmar que el maestro tapatío es el arquitecto más importante que ha dado México. Su obra artística es parangonable a la que en pintura produjo José Clemente Orozco o en literatura Juan Rulfo u Octavio Paz. Es un patrimonio nacional, y mundial (la declaratoria por parte de la Unesco como Patrimonio Mundial de su casa en Tacubaya, en el año de 2004, es en este sentido elocuente).

Como toda gran obra de arte, la que produjo Barragán —y que forma un continuo indivisible— es una obra abierta. Sujeta a múltiples visiones, interpretaciones, preguntas. Y es su trabajo mismo el que sigue interpelando radicalmente a toda la arquitectura que ahora se hace. No para imitarla: sí para asimilarla y transformarla en ese humus cultural indispensable para intentar —en el mejor sentido de la tradición— nuevos caminos.

La parte central del legado de Barragán es, obviamente, su arquitectura. Rescatarla, preservarla, darle nueva vida cuando sea necesario, es urgente y fundamental para comprender y valorar su trayectoria. Y no estamos haciendo lo suficiente para ello. Van algunos ejemplos:

En Guadalajara: la casa Robles León, de Madero y Pavo, esquina suroeste, muy desfigurada, espera su adecuada restauración. La casa de Rayón 121 entre López Cotilla y Juárez se encuentra en el más completo abandono, padece vandalismo y amenaza ruina. La casa para el licenciado José Arriola, de Las Rosas 543 en Chapalita, ha sufrido múltiples alteraciones y por estos días padece algunas más. La Capilla Abierta del Parque de las Estrellas en Jardines del Bosque está desde hace mucho a la espera de que el Ayuntamiento le quite de encima una oficina del Registro Civil y la restaure. A la casa Robles Castillo de Vallarta y Argentina, esquina sureste, se le han venido haciendo desafortunadas intervenciones sin que nadie haga nada.

En la Ciudad de México, toda la obra realizada entre 1936 y 1940 está, casi sin excepción, maltratada y desfigurada. Tanto la casa Prieto López como la Casa Egerstrom se encuentran a la venta con los consecuentes riesgos. Del Pedregal de San Ángel casi no queda nada. Una iniciativa de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, en asociación con los vecinos, intenta actualmente restaurar la célebre Plaza del Cigarro y lo que aún se pueda salvar de las obras del fraccionamiento. En Colima, en la Bahía de Majagua, están las ruinas —muy fácilmente restaurables— de la casa que Barragán construyó para sí mismo. Copropiedad actualmente de unos conocidos arquitectos locales, resulta incomprensible la persistencia del abandono de una de las obras más significativas y originales de la carrera de Barragán.

Lo anterior no es más que un apretado resumen de lo principal. Afortunadamente se han protegido legalmente unas pocas obras: La casa del propio Barragán en Tacubaya, la casa González Luna (ITESO-Clavijero) y la casa Cristo en Guadalajara. También las torres de Satélite, en coautoría con Matías Goeritz. Faltan todas las demás: no hacer lo necesario para salvaguardarlas, por más excusas que aduzcan las autoridades, es imperdonable. La misma casa de Tacubaya sufrió un grave atentado al haberse permitido, por la delegación Miguel Hidalgo, la construcción de un muy deficiente edificio que invade radicalmente las visuales de la terraza de la azotea. Estamos todavía esperando la orden de demolición, que algún día se dará.

Tener una casa como, por ejemplo, la de Rayón 121, abandonada y sujeta a cualquier daño es directamente comparable a arrumbar bajo la lluvia y el maltrato una pintura de Clemente Orozco o un manuscrito de Juan Rulfo. Así de grave. Así de estúpido. Así de irresponsable.

¿Qué hace el INBA? ¿Qué hace la Secretaría de Cultura de Jalisco? ¿Cuándo harán su máximo esfuerzo? Las futuras generaciones deben recibir en el mejor estado posible la obra de Luis Barragán que, desde el siglo XX, es una de las irrepetibles y más altas claves de nuestra cultura.
 

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