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Lunes, 11 de Diciembre 2017

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Los viejos priistas y el futuro tricolor

Los viejos priistas y el futuro tricolor

Los viejos priistas y el futuro tricolor

El partido más grande y más viejo del país hace agua. Ahora, porque le toca enfrentar con herramientas viejas a adversarios fuertes en entornos políticos adversos: ciudadanos en red, partidos comparsa débiles, democracia mal vista, eficiencia menospreciada, ineficiencia sobredimensionada y pulverización ideológica.

No estoy segura de que esto esté claro en el PRI jalisciense, pero estoy completamente convencida de que el PRI nacional no lo entiende ni de lejos. Por eso es tan importante el debate y la grilla que los tricolores armarán hoy y mañana en Zapopan, con miras a su reunión nacional (su Asamblea) del próximo sábado en la Ciudad de México. Se supone que discutirán la visión de futuro, con más de 600 delegados de distintas partes de la república, en un formato de debate legislativo que se repetirá en cuatro sedes más.

En Jalisco habrá una sabrosa pasarela. Vienen viejos y conocidos personajes como José Narro, José Antonio Meade, Ivonne Ortega y Manlio Fabio Beltrones —cada uno más atemorizador que el otro— para discutir la visión que ese partido propone para sí mismo y para gobernar.

Por supuesto ellos, los viejos lobos, tendrán mano para dibujar esa visión de futuro, cometiendo el mismo viejo error de siempre.  Si Manlio Fabio Beltrones es el faro que ilumina el camino priista, van a encallar. Si Arturo Zamora tiene la brújula para Jalisco, están perdidos.

Aquí aclaro: tanto Beltrones como Zamora son políticos de primer nivel y su partido no puede prescindir ni de su experiencia ni de su habilidad. Pero las voces que tienen que marcar el rumbo tricolor tienen que ser de una nueva generación, ahora sí una de verdad, una que entienda la ciudadanía global, el desencanto democrático, la revolución tecnológica y hasta la llamada “singularity”.

Porque, ojo, una nueva generación no se define por la edad, sino por un cambio sustancial de valores y anhelos. Es una torpeza asumir que Javier Duarte, prácticamente formado por Fidel Herrera, era una nueva generación. O que Enrique Peña Nieto, heredero del priismo mexiquense invicto, es una nueva generación. Ellos no tienen una mirada diferente sobre la vida pública, no tienen anhelos políticos distintos, perpetúan los mundos que conocen y quieren salvar el feudo, no cambiar su historia.  

Sostengo sin problemas que Aristóteles Sandoval es una de las pocas excepciones: ha mostrado capacidad para hacer virajes gubernamentales y franca independencia política en la segunda parte de su administración, pero tiene un equipo mayoritariamente formado por jóvenes viejos, pulidores del cetro y temerosos; orgullosos de estar bajo la sombra de su jefe, esperando que les caiga una bendición.

Los priistas de siempre —viejos de edad o de ideas— quieren protección en el castillo, no averiguar cómo es el mundo nuevo. No están organizando una ofensiva ni están imaginando un carajo, y a esos son a los que escucharán en Jalisco, porque construir la visión puede ser tan disruptivo, que se vinieron todos los viejos.

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