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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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Los que no quieren prestar

Los que no quieren prestar

Los que no quieren prestar

Si bien esta actitud es una decisión muy respetable y no propensa a convertirse en una adicción, sí podemos ligarla a los que tienen el mal hábito de ser “codos”.

Esta palabra de “codos” la usamos en el lenguaje común para indicar a una persona tacaña, que está poco dispuesto a gastar su dinero, y en fin, se les puede relacionar con los avaros.

Son personas que sí tienen dinero pero que con tal de no gastarlo viven en una austeridad que puede rayar en la miseria.

O bien no asistir a eventos, comidas, viajes y cuanto lo obligue a tener que gastar su dinero, cuando en el fondo no se lo puede ni permitir.

Los “codos” pueden rayar en un egoísmo tal, que procuran alejarse de todo cuanto los empuje a tener que gastar. Y por eso fácilmente se hacen antisociales, huraños y en ocasiones hasta vividores, pues se les hace más reconfortante que los inviten y les paguen las cosas, a que ellos tener que hacerlo, que desde luego, prefieren no hacerlo.

Son parecidos al Harpagon, un personaje de la obra de Moliere (“L Avare”) que llega a querer más a su baúl de monedas que a cualquier otra cosa en el mundo, incluyendo a su familia. Por lo que prefiere esconder su baúl y cuidar que nadie se lo quite.

Los que no prestan es que sienten que su dinero, al que aprecian mucho, no debe de estar nunca en riesgo de perderlo. Pueden llegar a ser prestamistas, porque van a ganar con ello, pero nunca exponerse a que no se los paguen. Lo que les molesta mucho.

Entre tacaños y avaros, es muy común que se hagan tontos a la hora de hacer pagos. Se esperan hasta el último para que sólo la obligación moral y la cobranza obligada, los haga sacar su dinero para pagar.

Son personas, que si bien no son adictas, sí muestran una mayor preocupación egoísta por su dinero, que por lo que pueden hacer con él. Por lo que llegan a no disfrutarlo y peor aún, a cuidar y a vigilar a que sus familiares, tampoco gasten.

Así que los “codos” ni soñar que te presten; si no son capaces de ni gastar por buenas obras y los gustos normales de la vida.

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