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Lo perdido y lo ganado

Lo perdido y lo ganado

Lo perdido y lo ganado

Calle de Pedro Moreno, poco antes de llegar por la banqueta sur a la calle de Atenas. Ya no existe la arquitectura de que se habla, pero no se olvida. Fue parte de los anexos que posteriormente a su construcción le fueron hechos, por la parte de atrás, a Villa Beatriz, una de las primeras grandes casas de la Avenida Vallarta. Su demolición fue una pérdida para el patrimonio arquitectónico tapatío. Conviene saber qué significaba esta parte de la finca, y por qué se perdió.

Villa Beatriz, mandada construir por la familia Pérez Verdía en los primeros años del siglo XX, fue una muestra tangible y espectacular de la bonanza de los últimos lustros porfirianos. Su estilo original fue un Art-Nouveau bastante sobrio, muy en la austera línea de las producciones edilicias tapatías a lo largo de los siglos. Nuestros herrerianos, barrocos, neoclásicos y eclécticos fueron por lo general más bien discretos, como sacándole la vuelta a la estridencia y al boato. Es halagador, pero incierto, pensar que esta elegante costumbre fue más hija de la virtud que de la necesidad. Pero el caso es que Guadalajara suele atemperar, por natural refinamiento, o por limitaciones varias, las tendencias y modas que los tiempos aportan.

Ya para la década de los cuarenta del pasado siglo Villa Beatriz había cambiado de dueños, y tenía los deterioros naturales de la edad. Sus nuevos propietarios decidieron emprender una renovación general de la finca. Así, la familia De la Torre le encargó al reconocido ingeniero Enrique Martínez Negrete una enérgica puesta al día de la gran casa. Y fue en verdad enérgica, muy de acuerdo a la pragmática visión, astringente e ingenieril, de aquellos años. Puertas, ventanas y boquillas fueron corregidas, con el resultado de una marcada dilución del aire Art-Nouveau original. Sin embargo, el gran porte y el talante general de la casa lograron prevalecer.

Pero, entre la inicial edificación de la finca y su renovación de fines de los años cuarenta, hubo otra intervención. Ésta se suscitó a partir de la introducción de un tanque de natación en la parte del predio que da al norponiente, del lado de la calle de Pedro Moreno. A partir de algunas dependencias de servicio previas, se adicionaron algunos espacios. Su autoría es incierta, su datación debe haber sido la primera parte de los treinta. Viendo con cuidado el pabellón correspondiente y sus testimonios surge la idea de que posiblemente Pedro Castellanos fue el responsable, y más si consideramos que en esos años el ingeniero y arquitecto estaba asociado con el mencionado ingeniero Enrique Martínez Negrete.

El caso es que ya en la última década del pasado siglo Villa Beatriz estaba desocupada y con graves deterioros, era foco y origen de vandalismo e inseguridad. Más recientemente, el Gobierno del Estado, a través de la Contraloría, tuvo la atinada iniciativa de comprarla para establecer sus oficinas. Desgraciadamente, el programa que se pretendió imponer a la finca fue excesivo y se planteó la necesidad de construir en el predio un edificio complementario para albergar esas funciones y su correspondiente personal. Eso significaba el sacrificio de las dependencias de Pedro Castellanos. Grave dilema: ¿Dejar ir una porción del patrimonio para salvar lo más? ¿Anular la utilización de la casa por la Contraloría y que se siguiera cayendo? ¿Esperar por un hipotético comprador ilustrado que no había aparecido en décadas? ¿O que Villa Beatriz terminara en lote baldío-estacionamiento como la también meritoria casa de junto?

El anexo adjunto al tanque ya no existe, dolorosamente. La casa fue sujeta a una razonable restauración, y al día de hoy conserva su valiosa presencia sobre la avenida Vallarta, Atenas y Pedro Moreno. Los problemas de la conservación del patrimonio arquitectónico son complejos, plantean disyuntivas, sacrificios, trabajosas búsquedas de la mejor alternativa. Los “puristas”, conservacionistas-reaccionarios, se jalarán inútilmente (como siempre) los pelos. Bien se sabe que es su misma actitud, que demanda una virtual congelación de la ciudad a costas de otros, una de las principales causas de la pérdida del patrimonio. Ojalá que a decenas y decenas de edificaciones valiosas totalmente desaparecidas les pudiera haber tocado la suerte de Villa Beatriz, que ahora se gana la vida.

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