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Miércoles, 23 de Enero 2019

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Liszt y México

Por: Eduardo Escoto

Liszt y México

Liszt y México

Se cumplen 130 años de la muerte de Franz Liszt (1811-1886), figura de la más grande trascendencia dentro de la música formal occidental. Innovador y sorprendente en muchos aspectos desarrolló su talento musical de manera trascendente, expandiendo al máximo las posibilidades que encontró en un contexto de por si rico, en el que discurría la exploración emocional propuesta por los románticos.

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El éxito le convirtió en uno de esos pocos artistas que pudo recibir en vida la admiración y recompensas que evidentemente le correspondían, aunque hubo de sufrir también de algunos de los sinsabores que aquella fama -manifestada de un modo que se adelantaba a su época- implicaba.

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Con la efeméride como pretexto cabe abordar de manera breve el tema de su relación con México, nexo que presenta al menos tres aspectos ciertamente contrastantes.

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En 1866 Franz Liszt es nombrado miembro de la Sociedad Filarmónica Mexicana, conformada por músicos y aficionados y que entre sus objetivos tenía la creación de lo que sería el Conservatorio Nacional. Se refiere que Liszt habría realizado una contribución económica para tal fin.

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Este acercamiento en apariencia sorprendente tiene motivaciones claras: en primer lugar se da en el marco del Segundo Imperio Mexicano, y basta recordar que la relación de Liszt con la casa de los Habsburgo era estrecha. No es difícil pensar que Liszt se sumara a la causa del florecimiento musical en un lejano y joven imperio gobernado por alguien cercano para él. Se conjuntaban varios conceptos valorados entonces: exotismo, lejanía, la noble lucha del arte por establecerse. Incluso el asunto del donativo no sería extraño, pues  Liszt apoyó económicamente numerosas obras de artísticas y benéficas a lo largo de su vida, desde la creación del fondo de pensiones de los músicos de Leipzig hasta la construcción de la catedral de Colonia.

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Su segundo contacto con México necesita poca explicación y fue completamente distinto aunque tuvo lugar apenas un año después, cuando compuso la Marcha Fúnebre En mémoire de Maximilian I, Empereur du Mexique.

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El último punto de relación es más amplio y tiene que ver con la influencia musical que generó en el país la presencia tanto de su música como de varios de sus alumnos, quienes pudieron dejar la huella de su maestro en distintos músicos mexicanos. Este último aspecto ha sido abordado con suficiencia apenas recientemente por el investigador Paolo Mello, lo cual revela ese atraso constantemente denunciado en lo relacionado con el estudio de la música mexicana que como vemos sigue mostrando inesperadas derivaciones.

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