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¿Liberales y conservadores?

¿Liberales y conservadores?

¿Liberales y conservadores?

La primera gran y larga bronca entre nosotros como país independiente fue entre los mal llamados liberales —moderados y puros— y los conservadores. Dicho problemón inició con la Independencia y terminó con el arribo definitivo de Benito Juárez a la Presidencia. Y digo mal llamados liberales porque colocarlos como antagónicos de los conservadores es un error.

Las diadas correctas son liberales contra autoritarios; y progresistas contra conservadores. De hecho, los tres partidos (con toda la influencia de las logias) eran liberales. Todos pugnaban por limitar al titular del Ejecutivo y en general al gobierno mediante el derecho —que algunos se hayan convertido en dictadores como pasó con Juárez y Díaz, es otro cuento—.

En cambio, los moderados y puros eran progresistas y los llamados conservadores sí eran conservadores. Los conservadores además eran centralistas, y los moderados y puros eran federalistas. Estos últimos también eran laicos, —si bien la Constitución de 1824 señalaba a la católica como el culto oficial—, y los conservadores confesionales (en el sentido de tener religión oficial y con ello, no la neutralidad del gobierno que exige el laicismo), a pesar de ser casi todos creyentes y católicos; incluyendo al propio Juárez.

Los conservadores buscaban la monarquía constitucional. Los puros y moderados la república. También los moderados y puros eran más innovadores y los conservadores más tradicionalistas. De hecho, la característica más distintiva del Benemérito, fue la de modernizador, la de innovador. Aún cuando el liberalismo los unía a todos, las otras cinco contradicciones aunado a la situación donde todos tenían algo de razón, —junto con la pérdida de más de la mitad del territorio—, explican la virulencia y violencia política del Siglo XIX en nuestro país. No en vano en ese entonces tuvimos repúblicas y monarquías. Y cuando república, lo fue tanto centralista como federalista.

Nuestro federalismo actual es testigo de que todos tenían algo de razón. En realidad no nacimos como federación. Antes de la independencia, la nueva España era un reino —no colonia— adscrito a la Corona de Castilla con normas aplicables en todo su territorio. A diferencia de los EU, donde 13 colonias jurídicamente diferentes, se unieron para conformar su gobierno, a nosotros se nos ocurrió la idea de dividir artificialmente lo ya unido y fingir su unión posterior, con consecuencias catastróficas como la pérdida de Tejas, al justificar su capacidad para separarse.

Aún hasta el día de hoy tenemos una federación centralizada. Si no se cree, basta comparar las facultades de la federación yanqui con la mexicana. La mexicana cuenta con muchas más facultades, al no proceder como en EU de la unión de entidades cuyo interés era retener la mayor cantidad de atribuciones. Además, los límites territoriales de los estados mexicanos no atienden a razones históricas y ni siquiera de regiones geográficas. Los límites son estrictamente políticos: por razones de pura coyuntura. Por eso, la identidad de todas las entidades federativas creadas de la nada, se ha formado solo por el devenir del tiempo.

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