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Jueves, 17 de Enero 2019

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Las jornadas del patrimonio

Por: María Palomar

Las jornadas del patrimonio

Las jornadas del patrimonio

¿Cómo se fomenta entre la gente el gusto y el interés por el patrimonio colectivo? ¿Cómo acercar al público y enseñarlo a apreciar algo que le pertenece, que está cerca, pero que a veces ni siquiera nota en la vida cotidiana?

Con inteligencia y generosidad, y abriendo las puertas. Con autoridades que tengan una idea de lo que esto aporta a los ciudadanos en términos de calidad de vida. Con gobiernos que entiendan que el patrimonio no es algo disecado y fijo.

El penúltimo fin de semana de septiembre tienen lugar en Francia las Jornadas del Patrimonio, cuando por dos días se abren al público de manera gratuita no sólo los museos, parques y monumentos conocidos, sino también infinidad de lugares que por lo común no pueden visitarse (se calcula que unos 23,000 en todo el país). En 1984, el Ministerio de Cultura lanzó esa iniciativa, que ahora va en su trigésimo primera edición, y que se ha convertido en un acontecimiento anual que confirma el interés de los franceses por la historia de sus lugares, sus artes y sus oficios.

Las Jornadas asocian iniciativas públicas y privadas para ofrecer oportunidades de conocer la acción gubernamental, en colaboración con las colectividades territoriales y los dueños públicos y privados de bienes patrimoniales, y de hacer visible el trabajo de quienes actúan día tras día al servicio del conocimiento, la salvaguarda y la valoración de los bienes de la nación. Son un momento privilegiado que permite a todo el público un contacto directo con sus legados históricos. Pueden visitarse tanto obras maestras de la arquitectura civil y religiosa como fábricas y talleres artesanales, explotaciones agrícolas, residencias, parques y jardines privados, instalaciones militares, monasterios, las cámaras legislativas, establecimientos educativos, juzgados, yacimientos arqueológicos, obras en restauración, estudios de radio y televisión... Los artesanos que producen el queso roquefort muestran las cuevas donde lo añejan, hay visitas guiadas de cárceles y hospitales antiguos, de cisternas y acueductos, de bóvedas de bancos, de bibliotecas. En muchos de esos lugares se ofrecen conferencias, talleres, circuitos, conciertos, demostraciones en vivo, exposiciones y otras actividades.

Además, desde 1995 se eligen cada año algunos temas especiales que permiten conjuntar iniciativas locales y enfocar aspectos específicos del patrimonio: la red ferroviaria con sus instalaciones y equipos antiguos y modernos, las plantas industriales de determinada época, las plantaciones y los talleres de perfumería... También es el momento de presumir las obras recién restauradas o en proceso de rehabilitación, con pláticas de quienes trabajan en ellas, de dar a conocer los secretos de la gran tradición artesanal francesa (que va desde la producción agrícola hasta los talleres de moda y joyería o las cocinas de los restaurantes), de dejar entrar a la gente a las bodegas de los museos.

La mejor garantía de la conservación y el enriquecimiento del patrimonio es ponerlo ante los ojos de la sociedad, hacerlo accesible a todo el público y celebrarlo cada año con una fiesta bien organizada como esas Jornadas, que son ya un acontecimiento no sólo en Francia, sino en toda Europa.

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