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Viernes, 17 de Agosto 2018

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La tentación

Por: Guadalupe Morfín

Cada generación enfrenta sus desafíos. El mayor reto en México ahora es transitar hacia la paz sin armas. Y hacia una paz con justicia (que cada quien tenga lo que requiere para cumplirse). Quizá mis amables lectores/lectoras hayan oído expresiones así: “Tal como están las cosas, más nos vale hacernos de un arma”. “Por mera defensa, aprendamos a tirar”. “No esperemos de brazos cruzados a que vengan por nosotros”.

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En México, en Colombia, así habrán empezado algunos grupos de autodefensa. Por más que queramos entenderlos, tenemos que insistir en que no estaban listas ni limpias las manos oficiales, constitucionales y legales, que eran las que debían quitar esas tentaciones de sus brazos y mentes, y las armas de sus clósets. La ineficacia y corrupción del Estado hacen que salga a flote el cerebro reptílico (eso dice Leonel Narváez, misionero experto en perdón y reconciliación) que llevamos dentro, para cobrar venganza o protegernos de las “incursiones enemigas” (como en el Viejo Oeste). Más de alguno habrá sentido la tentación de contratar a policías especializadas, privadas, ante el pasmo con que actúan las que atienden a todo el público, es decir, al prójimo pobre.

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Nomás esta semana nos enteramos de un robo de vehículo a mano armada muy cerca de conocida funeraria en Guadalajara, justo donde pocos años se asesinó al hijo de un empresario respetado; de la amenaza en redes sociales a una académica del ITESO que ha sabido entender a los jóvenes en este país; del asesinato de Alberto Almeida, ex alcalde de Villa Ahumada, ciudadano ejemplar según relata Pablo Ricardo Montaño (http://desmesura.org/firmas/esa-extrana-virtud); más extorsiones telefónicas, desapariciones denunciadas de seres queridos que no se resuelven porque quizá hay alguien poderoso a quien se teme exhibir (la corrupción que más lastima es la de esos altos cuellos blancos, invisibles en sus redes de complicidades).

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Qué grande es la tentación de defender lo nuestro. Pero una vez ganado el campo para pistolas y ametralladoras, lo nuestro se convertirá en campo para la barbarie, la retaliación, la escalada de la violencia; nadie estará a salvo. Saludo por eso el surgimiento de una organización como [Des]arma México, interesada en los efectos del tráfico de armas entre Estados Unidos y nuestro país. Se puede seguir en tuiter en @desarmamex.

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Por supuesto, es sano tener precauciones. Pero las “armas” de protección que nos darán paz no llevan balas. Más bien tienden puentes, entrecruzan lazos, educan conciencias, abren oportunidades; concilian, traducen lenguajes distintos, escuchan; dan cabida a los excluidos; entienden que constituirnos en seres pacíficos, dialogantes, es camino para la paz. Edificar ciudades habitables y seguras y no este reinado de mafias es también lección de paz. Otro tipo de inteligencia, y no bélica, es la que requerimos. Pues estamos tensando demasiado las mediaciones, personales o institucionales, que nos conectan con el común que compartimos todos, y así, dinamitamos la esperanza.

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