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La temporada tonta

La temporada tonta

La temporada tonta

Guadalajara padece sus calores en abril y mayo, así que no se percata mayormente de que el verano profundo cae, en gran parte del hemisferio norte, el mes de agosto, como lo confirma una mirada al clima de otras latitudes. Aunque para convencerse basta, sin asomarse a la meteorología, con los titulares de revistas y periódicos. En Inglaterra, al atarantamiento estival le llaman “la temporada tonta” (silly season). Sus efectos se dejan sentir por todas partes.

    En los últimos tiempos la prensa en general (y esto incluye a todos los medios) ha sufrido una baja de calidad notoria y padece una crisis de acomodo a las nuevas tecnologías, de la que quién sabe cómo saldrá. Resulta notable que informadores respetables -la BBC, Le Monde, el New York Times, El País- repitan en sus primeras planas -y su equivalente en internet- notas de corte frívolo que hasta hace poco sólo se acostumbraba hallar en Hola, el Daily Mail o Paris-Match.

    La frivolidad, las vanidades, el morbo y la curiosidad siempre han sido muy legítimo anzuelo de lectores y espectadores. Mantener un mínimo de salud mental, y más dadas las condiciones actuales del mundo, requiere de buenas dosis de evasión. Pero en los tiempos que corren, y durante esta temporada tonta, la inusitada mezcla y, al mismo tiempo, el brutal contraste entre lo serio y lo frívolo son fuente de estupor, confusión y desazón.

    Vistazo a las páginas del viernes 11 de agosto.

    El País, The Telegraph (y muchos otros) anuncian en primera plana que, dado que el señor presidente de los Estados Unidos anda de vacaciones jugando al golf (y amenazando con guerra nuclear), la Casa Blanca está siendo redecorada. Sacan fotos de una oficina oval tan deshabitada y vacía como el cerebro de su inquilino.

    Le Figaro pone la nota fúnebre avisando de la muerte del “decano de la humanidad”, un señor de 113 años. Asombra que a cada rato acostumbran morirse las gentes “más viejas del mundo”, que suelen ser japonesas, bolivianas...

    El Washington Post reitera el permanente asombro de los gringos de que los europeos se larguen de vacaciones todo el mes: “Caluroso, quieto, callado: París es un pueblo fantasma en agosto”.

    El ABC explora territorios ubuescos muy de actualidad: “¿Excesiva injerencia o necesidad?: autonomías y ayuntamientos le declaran la guerra al sexismo”, y en subtítulo: “La imagen de la mujer entra en el debate político: se vetan canciones y artistas o se regula la indumentaria de socorristas”.

    Pero el que, como suele, se lleva la palma (y, para ser justos, en cualquier temporada del año) es The Guardian, que explica “Por qué vale la pena dar la batalla contra los zapatos escolares sexistas”... lo cual no es nada tras recientes artículos sobre un cuento infantil de una máquina de tren machista y otro sobre unos cubitos de caldo racistas. Olvídense del Brexit.

    Insólita, magnífica aportación mexicana en El Universal: “Roban libros a Margo Glanz. Le fueron hurtadas primeras ediciones de Rulfo, Borges y otros”. Eso sí que es noticia. Aún hay esperanza.

 

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