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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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La sobrevivencia de Pancho Villa

La sobrevivencia de Pancho Villa

La sobrevivencia de Pancho Villa

En efecto: Villa no es de los que mueren. Basta una visita a la población de Hidalgo del Parral, en el Sur de Chihuahua, para darse cuenta de que no desaparece del ánimo de los mexicanos.

Dos bonitos museos de sitio, uno de los cuales se estableció en la casona frente a la cual fue vilmente asesinado el 20 de julio de 1923 y el otro a pocas cuadras de ahí, dan fe de su presencia, lo mismo que numerosas alusiones oficiales y privadas al personaje por todos los rincones de la ciudad.

Pero lo percibirá usted mucho más si tiene la fortuna de hacer su visita a tan hermosa y acogedora población precisamente en la referida fecha, en torno a la cual se desarrolla una cauda de actividades de todo tipo, más o menos relacionadas con el famoso Centauro del Norte. Entre ellas destacan una escenificación de pasajes emblemáticos de su vida, que concluye con la emboscada en que perdió la vida, un simulacro de velorio y otro de sepelio…

Lo mismo que en otros lugares, el recuerdo de Villa tiene también visos de misticismo: curanderos lo invocan, otros le rezan y piden ayuda, etc., pero la mayoría lo recuerda como el cuerpo más vivaz de la Revolución Mexicana, el que más hizo a favor de la gente y el que más hubiera podido hacer si no hubiera tenido su fin a los 45 años de edad.

Vale recordar que no es Parral el único sitio donde apuntan destellos sobrenaturales en la memoria del personaje. En vida, cuando entró en Guadalajara en 1915, fue declarado por católicos jaliscienses “el defensor” y hasta “el salvador de la religión”. Luego se arrepintieron, pero los testimonios de lo que digo están ahí, en la prensa de la época y en testimonios de quienes los presenciaron. Asimismo, en el Sur de Jalisco encontramos antaño testimonios “fidedignos” de problemas que su invocación había solucionado. Incluso hallamos estampitas con la efigie de Villa, por cierto que con saco y corbata, en cuyo reverso había una oración “al espíritu mártir de Pancho Villa” que debía rezarse “9 días seguidos con fe al caer la tarde” y conservarla “siempre al lado del corazón para protección”. También, lejos de Zapotiltic, donde hicimos estos hallazgos, en el pueblo de Espinazo, Nuevo León, donde se venera todavía y hacen milagros los herederos del Niño Fidencio, hay un altar que no gustan de enseñar, dedicado a Doroteo Arango.

Por otro lado, con otra connotación, en la Ciudad de México hay un famoso “Frente Francisco Villa”, que hace su aparición de vez en cuando apoyando causas populares, justas o no, y entre los “zapatistas” de Chiapas hay un sector agrupado también bajo el nombre de Pancho Villa.

No en vano es el mexicano con mayor renombre internacional.

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