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La segunda independencia de México

La segunda independencia de México

La segunda independencia de México

Con su buen sentido del humor, el historiador Lorenzo Meyer ha planteado que a lo mejor en los próximos años levantaremos una estatua a Donald Trump en reconocimiento a que nos empujó a lograr la “segunda independencia” de México.

¿Por qué razón? Porque con su agresiva política comercial, migratoria, diplomática y de seguridad está obligando a la sociedad mexicana a repensar su proyecto de nación para dejar de ser dependientes de Estados Unidos y recuperar la soberanía perdida.

Como dije, la idea de la estatua a Trump es producto de la ironía de Meyer, pero no deja de tener sentido. La crisis nacional que se abre con la llegada de Trump y el anuncio de políticas que afectarán a los mexicanos tanto en Estados Unidos como en el país, sólo es posible por la sujeción que tenemos con el país del norte.

La dependencia es enorme: 78% de las exportaciones van a Estados Unidos; 50% de los productos que México compra en el exterior vienen de allá. La dependencia alimentaria es terrible. Según datos de la Universidad Autónoma de Chapingo, importamos 30% del frijol, 50% de trigo, 80% de arroz y 17 millones de toneladas de maíz amarillo, además de frutas, hortalizas, oleaginosas y alimentos procesados.

México era potencia petrolera y ahora somos dependientes de la gasolina que nos vende Estados Unidos. En cuanto a la inversión extranjera, uno de cada tres dólares que llega a México viene del país que ahora gobierna Trump. Por supuesto que también hay dependencia de la tecnología estadounidense, sin dejar de notar que varias ramas industriales, comerciales, y de servicios de México son controladas por grandes corporaciones de Estados Unidos. No hay otro país latinoamericano tan dependiente de los gringos como México, y probablemente en todo el mundo.  

Toda esta dependencia no surgió ahora que llegó Trump. Existe por decisión de políticas económicas, comerciales, geopolíticas tomadas en México por su clase dirigente. Los gobernantes mexicanos, con Carlos Salinas de Gortari, decidieron atar el destino económico y geopolítico de México al vecino del norte. Y ese proyecto, empaquetado ideológicamente como la modernización, fue respaldado y aplaudido por la clase empresarial, por buena parte de los medios, intelectuales y académicos. Muchos de ellos se rasgan las vestiduras por lo que nos hace Trump, sin cuestionarse su responsabilidad ante lo que está ocurriendo.

Ahora, salvo algunos radicales neoliberales, la mayoría está de acuerdo en que el proyecto nacional debe cambiar sustancialmente. Se admite que fue un error apostar todo a la integración con Estados Unidos, en depender tanto en varias áreas vitales para el país. Ahora todos piden de nuevo mirar hacia el interior.

Pero no debemos dejarnos engañar de nuevo por la clase dirigente. Como ocurrió hace 25 años y desde antes. No necesitamos un nuevo nacionalismo, sino un proyecto de cooperación y solidaridad creado desde abajo y por los de abajo, para que realmente se concrete una “segundad independencia”, una independencia que se convierta en emancipación y no en una nueva dominación.

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