Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Martes, 21 de Noviembre 2017

Ideas

Ideas |

La querella de las calandrias tapatías

La querella de las calandrias tapatías

La querella de las calandrias tapatías

Tener calandrias circulando por la ciudad es un orgullo, una tradición, un atractivo y un invaluable patrimonio de Guadalajara.

Con muy buena voluntad, cierta asociación se acercó al Ayuntamiento con el fin de que todo lo anterior quedara abolido. La razón: el maltrato animal (ampliamente remediable). Pero, como dicen los franceses, no hay que tirar el agua sucia de la bañera con todo y niño.

Si a esas nos vamos, hay que prohibir los coches de caballos en Nueva York, “Florencia, Mérida, Roma, Sevilla, Filadelfia y muchas ciudades más”, como dijo don Jaime García Elías en estas páginas. También, y de inmediato hay que desaparecer la policía montada del Ayuntamiento. Luego, prohibir terminantemente las charreadas y los toros, las parejeras y todo eso ¿Hasta dónde vamos a llegar?

Desde esa perspectiva, la Policía Montada de Canadá (orgullo de esa nación) debe quedar fulminantemente prohibida. También el uso de los caballos como animales de tracción y trabajo en todo el mundo. Y así se podría seguir…

La solución es muy fácil, para salvar un patrimonio tapatío inapreciable: que el Ayuntamiento haga lo necesario para mantener a los caballos de calandria no en buenas, en óptimas condiciones. De buena alzada (hasta se podría, como en Nueva York conseguir percherones), sanos, bien comidos, con las herraduras debidamente protegidas, con chicotazos mínimos si es que alguno, con turnos razonables. Y si es necesario subsidiar todo esto, pues se hace y ya, en beneficio de la ciudad. Seguramente el noble gremio de los calandrieros cooperará gustoso. Además, habría que normar otra vez la presentación y el formato de las calandrias. El libertinaje kitsch y divertido, lleno de corazoncitos, foquitos y etcétera, en que los respetables señores calandrieros han convertido a sus vehículos debe cesar. Y así obtener un parque de calandrias sobrio, señorial y distintivo de Guadalajara.

Se podría inclusive, cosa que sería muy bonita y muy práctica, conseguir que, así como se tiene una yeguada municipal para la policía montada (que está, por cierto, impecable), tener una yeguada municipal para las calandrias. Las instalaciones equinas del Ayuntamiento tapatío serían, por sí mismas, otro atractivo ciudadano y turístico.

La silueta, el ruido de los cascos, el sonido de las conversaciones a bordo, la calmosa velocidad y la alegre presencia de las calandrias en las calles tapatías no sólo representan un poderoso atractivo turístico. Representan, para millones de gentes, un aliciente para el ánimo, una clara señal de que todo está seguro y en paz. Esto es también inapreciable.

Desterrar las calandrias sería, además, una clara señal municipal de que las calles son EXCLUSIVAMENTE para los contaminantes coches de tracción a motor. ¿No que ya queríamos acabar con esa inercia mortal? ¿No que este gobierno cambiaría todos los errores del pasado? ¿No que las “calles compartidas” y etcétera? ¿Las inocentes calandrias no caben en tales elegantes consideraciones?

El modelo de “calandrias de motor-contaminante” es, por lo tanto, no solamente improcedente, sino ridículo, grotesco y ofensivo para la mentalidad tapatía. Sería un papelón que, sin duda, repercutiría a nivel nacional e internacional. Es como inventar las carreras de caballos sin caballos, con los jockeys corriendo a pie. Quizás no habría, como ciudad, que ser el hazmerreír de propios y extraños. (Además, nadie, ni los turistas, quiere subirse a un hazmerreír).

En 1953, el gran artista colimote-tapatío Alejandro Rangel Hidalgo, pintó una serie de carteles para la ciudad. El más memorable de ellos representa una maravillosa calandria. El actual ayuntamiento tiene la fuerza, los recursos y el poder de convencimiento (que tan bien ejerció el señor alcalde para defender los baños del Jardín Botánico) para salvar, regular y promover verdaderamente a las calandrias, uno de los INAPRECIABLES patrimonios en esta ciudad, que tantas y tantas pérdidas ha sufrido. Pero hay que echarle ganas, y argumentos reales, y no discurrir involuntariamente muy cómicas y lamentables carcanchitas de motor.

Lee También

Comentarios