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Lunes, 14 de Octubre 2019
Ideas |

La paz de oír lo que uno no quiere

Por: Sergio Aguirre

La paz de oír lo que uno no quiere

La paz de oír lo que uno no quiere

“Si algún principio de la Constitución exige observancia más imperativamente que los demás, es el de la libertad de expresión y pensamiento. Libertad de pensamiento no para los que están de acuerdo con nosotros, sino libertad para las ideas que rechazamos...” (Juez Holmes, United States v. Schwimmer 1929).

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En otras palabras, lo que expresó ese excepcional juez fue, desde mi muy criticable dicho, lo siguiente: A mí y a ti mí, admirado lector, nos beneficia que el otro que piensa distinto pueda expresar ideas, propuestas de entrada o posturas, sobre cualquier cosa que rechazo o rechazas, o que incluso niegue o desprecie cuestiones que consideramos sagradas aunque sean distintas. De esa manera se garantiza que cuando tu o yo expresemos ideas que rechazan las del otro, no se nos pueda impedir hacerlo. Entre más tolerancia mejor, o lo que significa que nos debe dar gusto si el que piensa distinto lo expresa, así reafirma el derecho a contradecirlo. Evidentemente sin insultos y con algo de argumentos.

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La obligación de soportar la opinión contraria o contradictoria es el fundamento de la paz, a mi decir.

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Porque la paz no es una situación de unanimidad o totalitarismo o visión utópica impuestos, tal como el proyecto de Constitución de la Ciudad de México aspira a crear: un lugar sin discusión pero sujetos a un juicio implacable por su nueva Inquisición, donde lo correctamente político es palabra de Dios y todos tendrán todos los “derechos” a tener todos los derechos de los derechos que tienen derechos, incluyendo los derechos que se puedan inventar y sin manera de retroceder: evidentemente, por derecho. No existe la equivocación. Lo importante es quién empuja los derechos. Por favor, si eso no es un dogma que me vuelvan a la primaria o me encierre CONAPRED por discriminador.
No. La paz implica las contradicciones porque de no ser así, de no escucharse a otros, además de engendrar la violencia maniquea, se nos condena a no avanzar y por lo tanto a la ceguera ignorante de los buenos y los malos.

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Todo esto tiene que ver con la circunstancia de ser minoría y aún así tener derechos. Que es muy distinto al “derecho” de ser minoría con derechos preferentes pero ese es el cuento. Porque de repente nos damos cuenta que a veces pasamos de ser minoría a ser mayoría o viceversa. Un ejemplo muy claro: La mayoría apoyó al actual presidente en su elección. La minoría no lo hicimos. Pero ahora somos mayoría. Y así hay demasiados ejemplos. Mi pregunta básica es la siguiente: ¿Se vale hacer estereotipos cuando todos de alguna manera amanecemos siendo una mayoría o minoría sin darnos cuenta? ¿Y que al día siguiente amaneceremos perteneciendo a otra queramos o no?

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Pero en fin. Yo solo no puedo con los discursos de odio socavados.

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