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Sábado, 18 de Noviembre 2017

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La mañana de Pascua

La mañana de Pascua

La mañana de Pascua

La fiesta de la Pascua es celebrada por al menos la tercera parte de la humanidad, y los símbolos y rituales elegidos para hacerlo tienen en común la luz, el agua, el fuego, el color, la alegría, y todo aquello que hable de la vida; es en sí misma una fiesta de la vida y de la vida en plenitud.

Evidentemente se corresponde con el anhelo más profundo y permanente que late en cuanto hay en el cosmos infinito: vivir, porque la vida quiere vivir. Este instinto natural presente en todos los seres es tan profundo y en ocasiones tan radical que puede volverse neurótico y lograr los resultados que pretendía evitar, así ocurre para aquellos que afirman que hay que vivir intensamente cada momento, y lo hacen con tal intensidad que no queda nada de ellos para el día siguiente, en el que además, no creían. Pasa pues con el querer vivir lo que ocurre con quienes no pueden dejar de comer o beber, estos acaban por no saber ya a qué sabe cada comida o cada trago que toman porque su finalidad no es degustar una vianda o una buena bebida, sino sólo “tragarla”. Por tanto querer vivir dejan de hacerlo.

Aprender a vivir sigue siendo el mayor de los retos y para las generaciones actuales, una asignatura sin maestro, a menos que por tal quieran seguir teniendo a las redes sociales. Mientras identifican al maestro y su programa, el arte de vivir se ha vuelto más bien un deporte extremo que se aprende como se aprendía el futbol callejero y se juega cada vez con menos normas y mayor permisividad, desde el momento que ante la complaciente mirada de los papás, el niño o niña de dos o tres años, ya sabe perderse en la pantalla de una “Tablet” y pasar con ella la mayor parte del tiempo a la vez que engorda hasta la morbidez.

Los judíos fueron siempre maestros de la vida en busca de maestros cada vez más capaces, no es ajena a este afán su compleja normatividad culinaria, igualmente llevada hasta la neurosis y frecuentemente extraviada en los vericuetos del ritual, más allá del pragmatismo que le dio origen. Su permanente demanda de guías hizo surgir a lo largo de su antigua historia una también permanente oferta de respuestas que debían calibrar, hasta que sin darse cuenta se les fue de las manos quien ha sido por dos mil años el Maestro de la humanidad occidental, y que en este día esa humanidad recuerda y celebra por la vida bimilenaria que de Él han recibido. Y sin embargo de las fiestas de la pascua, para mucha gente de hoy Jesús es ya un maestro jubilado no porque su enseñanza perdiera vigencia, actualidad y eficacia, sino por la ausencia de modelos que en su estilo de vida muestren la aplicabilidad permanente de dicha doctrina. En este punto el Papa Francisco es una excepción mayúscula, aún si muchos otros líderes que debieran igualmente imitarlo, se contentan con felicitarlo, atrincherados en el confort que sus altos títulos les otorgan, totalmente desencajados de la raíz que daba razón a su ministerio, adustos y lejanos como aquellos sumos sacerdotes de Jerusalén, enfundados en sus vestiduras sacerdotales, pero entregando a Jesús en manos de los gentiles.

 

armando.gon@univa.mx

 

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