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Lunes, 17 de Junio 2019
Ideas |

La generación Potter

Por: Antonio Ortuño

La generación Potter

La generación Potter

Soy demasiado viejo para que Harry Potter haya sido una lectura significativa en mi vida, ni siquiera como pasatiempo. Sin embargo, para varias decenas de millones de lectores infantiles las novelas de la británica JK Rowling fueron cardinales. Hay una generación entera, a escala internacional, que creció colgada de las mangas de la túnica del hechicero escolapio. Hace unos días, The New York Times publicó un artículo en el que rastreaba las lecturas actuales de esa legión de muchachos, hoy en la temprana juventud, que han escalado por los libros de Rowling hacia otras obras. Varios detalles del texto merecen atención.

La mayoría de los jovencitos, a los que el diario denomina “nuevos adultos”, no han dado el salto de Potter a Proust o Roth, claro, sino que ahora leen cosas como Crepúsculo (serial de novelas rosas tachonadas con detalles fantasiosos) o Los juegos del hambre (serie más relacionada con el género de “acción” cinematográfico que con las principales corrientes de la ciencia ficción estadunidense). Eso no es sorprendente. Buena parte de los lectores jóvenes en el Occidente del mundo han frecuentado libros de fantasía, horror y ciencia ficción a lo largo de los recientes decenios (Tolkien, Prattchet, Asimov, King, entre muchos más, han sido venerados por audiencias gigantescas), pero el diario afirma que la liberalidad de las ideas contemporáneas ha agregado un ingrediente en las nuevas historias que antes no aparecía o se dosificaba al extremo: el sexo explícito. Harry Potter mezclado con 50 sombras de Grey es la receta.

¿Hay algo así como una generación Potter mexicana? Estoy seguro de que sí. Aunque entre los lectores de la saga en nuestro país hubo una cantidad sorprendente de señoras y señores ya muy talluditos (la mayoría de los mexicanos leemos tan poco y somos tan poco exigentes que es sencillo atraparnos con historias infantiles), también la frecuentaron miles de niños que ahora andan en sus veintes. Muchos han seguido el patrón detectado por el New York Times, pero algunos han nutrido también las filas de quienes siguen los títulos de autores nacionales. Varios editores, en la pasada FIL, comentaron la buena aceptación de la narrativa mexicana de temáticas juveniles en sus catálogos. Y, aunque siendo estrictos, pocos de esos libros son literatura con toda la barba, legiones de lectores transitan esos caminos para luego llegar a obras más rigurosas. No tiene sentido esperar que nuestros jóvenes pasen de no leer nada a encandilarse con un libro de Ismail Kadaré o Lobo Antunes. Casi nadie lo hace. Pero muchos pasamos de Stephen King a Lovecraft, de él a Poe y de allí a Kafka y la gran literatura.

Total: el ejercicio del New York Times resulta estimulante. Habrá que indagar a fondo qué leen los jóvenes en México y por qué.

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