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Jueves, 17 de Enero 2019

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La caja de Pandora

Por: Lourdes Bueno

La caja de Pandora

La caja de Pandora

A los estudiantes de Ayotzinapa y sus familias
Que el olvido no sea, hasta que la impunidad cese

Todo parecía bien. Las reformas habían sido aprobadas casi mágicamente. Los responsables del trabajo, contentos ellos, esperaban las inversiones extranjeras ya sin trabas ni nacionalismos. El panorama pintaba halagüeño, hasta que, luego de muchos avisos de rupturas no atendidos, la caja de Pandora estalló dejando salir desde la podredumbre de muchas autoridades, hasta el enojo social difícilmente contenido por actores ciudadanos que parecen no ser mirados desde las alturas políticas, pero que son fundamentales en la vida de todos los países: los jóvenes.

Ha sido demasiada impunidad, demasiada corrupción. La narco-política en su más dura cara y la complicidad de cuello blanco hasta la hermandad delictiva. La concentración de la riqueza: irracional. Franco retroceso a lo peor del siglo XIX, generando atroz aumento de la desigualdad, pobres oportunidades, bajo empleo, esperanza trunca y el bono generacional dilapidado. Los ricos, son más ricos, los políticos más corruptos y los delitos contra la población: impunes.

Un país con demasiados focos rojos los señalados desde el extranjero: Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Nuevo León, Zacatecas, Durango, Sinaloa, Michoacán, Estado de México, Guerrero y Morelos. Algunos, apenas atajados bajo el orden militar. Situación que no sostiene al Estado de derecho, ni siquiera a la inversión extranjera.

Un cálculo electoral que desatiende las peticiones de ayuda de varios estados, también el de Guerrero. Poder político, corrupción, impunidad y narco: paso franco a la atrocidad cometida en Ayotzinapa. Un acto de barbarie que se apareja a la matanza de Tlaltelolco. Triste población de un país que hoy pena por encontrar a 43 jóvenes. Un Gobierno estatal y federal que no tienen la menor idea y en su desesperación abren fosas comunes que avalan el caos de violencia.

Policía que entregó a los jóvenes al grupo delictivo de Iguala para su “escarmiento”, o lo que ello significara. Autos y autobuses baleados y las declaraciones de: “todo bajo control”, que sólo indica simulación y complicidad. Un gobernador que no renuncia. Un gabinete al que se le atora la saliva demostrando su total ineficiencia.

Previo, el conflicto generado en el Instituto Politécnico Nacional con decisiones arbitrarias y unilaterales desde la SEP y que provocó paros en sus escuelas. Estudiantes demandado, paradójicamente: mejor educación. Suma de efervescencia en el país; país que pierde su imagen en la pasarela internacional.

Una izquierda, el PRD y Morena, que aún en la tragedia quiere ganancias electorales dando la espalda a sus votantes y a la población lastimada. Madres desgarradas, pero inquebrantables que a pie, junto a los soldados, buscan en las fosas a sus hijos antes vivos.

Presidencialismo puesto a prueba, ausencia de control de los gobernadores, presidencias municipales corrompidas, autoridades rebasadas y el país hirviendo. Incertidumbre e inseguridad que ha provocado el enojo social en los antes “aguantadores” pobladores de este país. Y los que se llamaban “el poder”: acorralados.

Población victimada. Y un ombudsman nacional, expuesto en sus graves faltas por la comunidad internacional y por la Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos, que en el dolor nacional no busca justicia, tampoco los cuerpos de los estudiantes, sino su jugosa reelección avalada por el Senado…

Jóvenes torturados, crímenes impunes, familias mutiladas, desaparecidos y asesinatos, antes y hoy, crímenes sin resolver ni registrar. Y las autoridades responsables del cuidado de la nación: culpables de su descuido, culpables de las desapariciones y de las muertes. Autoridades a quienes, hoy, los jóvenes de este país les han puesto un ¡basta ya! Caja de Padora abierta, que costará cerrar…
 

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