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La brumosa en la Zona Norte

La brumosa en la Zona Norte

La brumosa en la Zona Norte

El extraordinario narrador Ramón Rubín, mazatleco por nacimiento y tapatío por decisión, escribió en 1954 una de las mejores novelas sobre el mundo Wirrarika: La bruma lo vuelve azul (la editó el Fondo de Cultura Económica en la colección Lecturas Mexicanas. Se reeditó a principios de los ochenta en la versión popular y después prácticamente desapareció del mapa). En ella, Rubín, el escritor zapatero que a la postre regaló sus fábricas a los obreros, hace un extraordinario retrato de la cosmovisión del mundo huichol y su choque con la cultura occidental. La bruma hace que, desde la lejanía, veamos todo en color azul, pero cuando nos acercamos aparece la multiplicidad de colores, de contradicciones, de matices. Lo que hoy es la zona más pobre del Estado en algún momento fue la principal productora de riqueza de la Nueva Galicia: Mineral de Bolaños llegó a ser la tercera mina de plata del país y a ella le debemos una buena parte de la riqueza de la capital.

Desde Guadalajara, la lejana Zona Norte es algo brumoso y aparentemente monocromático. No es así; es una zona llena de conflictos, cruzada por las peores prácticas e intereses. Lo que está pasando en esa porción del territorio jalisciense, al que los políticos van solo a tomarse la foto, es terrible. Tres asesinatos en diez días, dos activistas comunitarios de Tuxpan de Bolaños, Miguel y Agustín Vázquez Torres, y el jefe de policía de Huejuquilla el Alto, Gilberto Murillo Aguayo, deberían ya de prender los focos rojos. Ayer mismo se desarmó a la policía de San Martín de Bolaños, otro municipio limítrofe con Nayarit, porque estaba ya tomada. Sin embargo, nadie parece agitarse entre la clase política de la capital. Solo el ombudsman jalisciense ha hecho algún pronunciamiento, pero del gobernador para bajo, todos parecen estar en otra cosa: en la búsqueda insaciable del reflector.

Lo que sucede en la Zona Norte es el resultado de años de abandono político. El conflicto de límites territoriales, que es tan viejo como la creación de los estados de Zacatecas y Nayarit, no ha sido atendido por el Senado, única instancia con capacidad para decidir los conflictos limítrofes, pero tampoco por los sucesivos gobiernos de Jalisco. Todos se asoman y cuando entienden de la complejidad del asunto huyen graciosamente. El problema es que, ante la falta de autoridad, la debilidad institucional de los municipios y una economía pauperizada, lo que ha ido ganando terreno es el crimen organizado que está despojando a los pobladores de sus territorios. Si no hay un cambio radical de política no nos extrañe que dentro de algunos meses tengamos ahí, en la brumosa Zona Norte, un territorio perdido.

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