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Lunes, 21 de Octubre 2019
Ideas |

La antesala…

Por: Francisco Baruqui

El curso que van tomando las campañas de los candidatos a la presidencia estadounidense, va planteando, para ambos, Clinton y Trump, retos que, conforme van avanzando, les obliga a ir dando más substancia a sus apariciones ante la ciudadanía norteamericana, que están valorando qué traen, qué ofrecen y, lo más importante de todo, qué se puede esperar de cada uno de ellos.

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Del magnate neoyorkino, largos meses van de escuchar cuanta estupidez pueda derivar de una mente a la que la cordura le falta, sí, pero…  Pero también, desde su abrupta aparición, se podría llegar a pensar que una lucha electoral caería en el alto riesgo por lo peligrosamente absurda, toda vez que el republicano tan proclive a mandar al diablo a las instituciones, el perfil que ha venido demostrando es, ni con más ni con menos, el de la irresponsabilidad.

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Y escribo esto, dado que no se puede menospreciar que, habiéndose presentado como un empresario mediático con gran atracción a los reflectores, ha impactado en un nutrido sector tanto de mediana y baja cultura como nacionalistoide, que viene a significarse como el más fértil de los campos para la siembra de la demagogia populista a ultranza, exacerbando ánimos de belicismo, de contras, de ataques no a un país en concreto tan solo, sino al entorno mismo del concierto mundial de naciones.

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Trump es de los que dice ahora una cosa y…  Y mañana dice otra.  Es dubitativo, y en esencia y fondo, refleja una ignorancia y una sensibilidad política enmarcada en la soberbia de un megalómano que es incapaz, luego de cometer sus espectaculares fallas, reconocer su error.

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Si se analiza con acuciosidad los pormenores y el estilo de sus discursos, — expresión propia de su personalidad misma—, para muchos habrá dado la impresión de que se trata de una gran comunicador…  Otros creemos que más que comunicador se trata de un político piromaníaco que maneja el temor al terror con formas por demás incendiarias.

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Por cuanto a la demócrata Hillary Clinton, saliendo ya afortunadamente de una neumonía que la tuvo postrada varios días, situación que capitalizó su estrafalario contrincante quien se ha visto favorecido en las encuestas, —luego también del ya reconocido “error de septiembre” peñista que puso a México arrodillado por la humillación—, deberá, pero ya, emplearse a fondo en su campaña para remontar los momios a fin de mejorar sus expectativas.

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Y esto, cuando pueden crecer gracias al rechazo de numerosos republicanos con perfil moderado, honorables y horrorizados dadas las características de charlatán de barriada del candidato de su partido, que ha fincado su actuación en la hasta ahora reñida contienda, plagándola con discursos exaltadores de odio, y sin ignorar que del odio mismo a la violencia puede haber un solo paso.

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En unos cuantos días más, para el martes 26 de este mes septembrino, se llevará a cabo el debate televisivo de los dos candidatos a la Casa Blanca.  Los números encuestadores irán parejos.

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Por demás interesante se presentará a fin de calibrar a cada uno de ellos, confiando y esperando que la señora Clinton reconozca y aproveche que el enemigo mayor con que cuenta Trump es, insisto y repito, su soberbia y, fundamental, su absoluta falta de substancia, —vamos, que se le mira el cobre que ha hecho aparecer como oro—, que ha intentado disimular con una por demás prolongada y cara publicidad.

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Y…  PENSÁNDOLO BIEN.

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Y…  PENSÁNDOLO BIEN, llegará el debate y con éste más seriedad, dado que la Presidencia de los Estados Unidos no… no se regala.

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Llega el tiempo, en ésta confrontación ante las cámaras y las que luego se sucedan, para responder preguntas y pasar de largo los argumentos de discusión de cafés o bares.

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El mundo, no se dude, está en vilo de lo que pueda llegar a suceder en las elecciones norteamericanas.  Y le aseguro, amable lector que me lee, que de la fortaleza de la arquitectura política estadounidense, dependerá el curso de la contienda electoral, esperándose que el que triunfe, para algunos, sea el mejor, o para otros… el menos malo.

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De aquí en adelante, la complacencia se termina, y créamelo que no hay que jugar con los alimentos que se ponen en la mesa familiar de los ciudadanos.

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La antesala está montada….

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