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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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La alegría en familia

Por: María Belén Sánchez, fsp

Por encima de todo podemos encontrar alegría en la vida, en las cosas y en todo cuanto nos rodea.

Pero la alegría no se reconoce en los sentidos. Es un sentir de ámbitos más profundos, más intangibles, más espirituales, más humanos…

Podemos comparar la alegría a ruidos estridentes, música ensordecedora y notas vibrantes o bien a delicadas armonías.

O también podemos comparar las alegrías porque las hay de tonos vivos y llamativos o de tenues colores pasteles.

También en la vida encontramos alimentos de sabores fuertes o picantes y otros suaves delicados.

Es muy bueno distinguir la diferencia de por eso cuando buscamos alegrías en la fiesta, en el jolgorio y en el ruido, a veces se esfuma rápido; pero cuando la alegría se busca en el silencio de lo verdadero o en la tranquila paz del hogar, entonces logra horadar la capa de superficialidad que nos envuelve y que no nos permite vivir en plenitud.

La alegría profunda se vive más intensamente en lo que es verdaderamente nuestro.

Los ejemplos que nos vienen por aires extranjeros no son ni siquiera buenos, mucho menos aleccionadores

que podamos ponerles atención y hacerlos propios, porque lo único que nos muestras son familia desintegradas, destruidas, fragmentarias, parchadas… y todo eso perjudica a la persona muchas veces desde su tierna infancia al grado que ya no pueden distinguir donde se encuentra la verdad de sus raíces y tampoco pueden encontrar la razón de una verdadera alegría.

En cambio en familias bien constituidas, donde los padres ponen límites y son apoyados por los dos, los chicos pueden en algún momento sentirse resentidos y/o molestos, porque lo les permiten vivir todo cuanto ellos creen que son verdaderas alegrías, pero que a la larga, comprenden que no todo lo bueno en demasía es bueno.

Ahora dime que no es precisamente paz lo que encuentras cuando regresas al hogar. Muchas veces hay los pequeños y múltiples problemas, las quejas y los reproches, todo lo que es necesario resolver entre dos. Pero si cada uno pone lo mejor de sí, las cosas toman cauce, y es más gratificante ver cómo fluye la vida.

Ciertamente cada uno de los miembros de la familia, especialmente los mayores, son los que necesitan aportar el esfuerzo para conservar una actitud positiva y favorable al clima de alegría que es lo más deseable.

Cierto que esto no es fácil ni sencillos, pero sólo las personas valiosas saben hacerlo, y la gracia de Dios es ayuda eficaz. Hay que pedirla, buscarla y dejarla actuar.

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