Martes, 11 de Mayo 2021

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La Volpe

Por: Jaime García Elías

La Volpe

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Sería necio objetar, a priori, la decisión de los dirigentes del América, de poner a Ricardo La Volpe al frente del equipo una vez que con Nacho Ambriz se aplicó la regla de que “Cuando un equipo se muere, el técnico es el culpable”, a partir de que el adagio sostiene que “No es lo mismo Los Tres Mosqueteros que veinte años después”. Sin embargo, igualmente necio sería dar por descontado que la designación fue una genialidad, y que sólo falta un pequeño detalle para comprobarlo: que el cuadro capitalino —uno de los más populares e importantes del circuito— recupere el terreno perdido en los traspiés que ha tenido en la campaña… y culmine la temporada del Centenario con la conquista del campeonato.

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Como suele decirse en estos (y en similares) casos: “La moneda está en el aire”.

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En el futbol mexicano, La Volpe, en los últimos años, se ha convertido en un mito…

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A semejanza de lo que sucedió en Argentina —su país de origen, por cierto… aunque es público y notorio que el personaje en cuestión ha hecho huesos viejos en México, a donde llegó como jugador y donde ha ejercido como técnico, con experiencia, incluso, al frente de la Selección Nacional durante cuatro años—, donde se hablaba de una corriente “menottista” (por César Luis Menotti) versus otra “bilardista” (por Carlos Salvador Bilardo), en México se ha hablado del “lavolpismo” para identificar a una supuesta escuela de la que Miguel Herrera —actual técnico del Tijuana— y Rubén Omar Romano serían los discípulos más notorios.

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Si en Argentina se enfatizaba el antagonismo entre los “menottistas”, partidarios del futbol agradable, y los “bilardistas”, defensores de los resultados a costa de lo que sea, el “lavolpismo” mexicano no parece tener una escuela con la cual confrontarse.

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En todo caso, ayer, al asumir el cargo como timonel americanista, tras el “suspenso” que se abrió desde que la derrota del sábado ante el León precipitó el cese fulminante de Ambriz, La Volpe —a quien la vida y el futbol dan la consabida “otra oportunidad”…— asumió, de cara a los seguidores de su equipo, un compromiso acorde con el historial del mismo: convertirlo en un cuadro espectacular y ganador.

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Capaz, en otras palabras, como se planteaba en la moraleja de la fábula de El Jardinero y su Amo, de “unir la utilidad con el deleite”.

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