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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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¿La Universidad de Guadalajara vs Mexicaltzingo?

¿La Universidad de Guadalajara vs Mexicaltzingo?

¿La Universidad de Guadalajara vs Mexicaltzingo?

No es lógico. Tampoco justo. ¿La universidad oficial contra uno de los barrios más venerables de Guadalajara? Debe tratarse de algún error.

La plazuela de Mexicaltzingo, como solía designarse a tal lugar hace muchos lustros, es el corazón de la demarcación. Primero fue, como en tantos casos, el cementerio de la frontera y muy concurrida devocionalmente Parroquia de San Juan Bautista. Allí yacen multitud de restos humanos de los antepasados de los actuales pobladores. Luego, hacia 1912, el ingeniero Choistri ejecutó allí lo que dicen que era el mejor atrio de la ciudad, demolido bochornosamente sólo tres años después por órdenes del entonces gobernador Diéguez (igual que el atrio de catedral).

Luego subsistió la plazuela, que rápidamente se convirtió en un tianguis permanente. En los años cincuenta el municipio edificó allí –cancelando la plaza- un lamentable mercado, del que lo más notable era la vistosa colección de tinacos de asbesto con la que se coronaba. Más adelante, hace algunas administraciones municipales, se optó plausiblemente por utilizar un inmueble desocupado al oriente de la plaza para cambiar allí al mercado y demoler al adefesio. Y renació la plaza.

Rápidamente, como todas las buenas plazas barriales, se llenó de vida, y fue adoptada por los vecinos y los visitantes como uno de los escasísimos espacios abiertos de la zona y el único en Mexicaltzingo. Ahora se anuncia que el Ayuntamiento –que también está para defender a la ciudad- prácticamente le regaló el subsuelo, con todo y huesos y mantos freáticos, a la Universidad de Guadalajara para hacer dos pisos subterráneos de estacionamiento. Debe haber algún grave error.

Porque es la propia Universidad de Guadalajara la que mantiene un discurso oficial de apoyo a la ciudad, a la ecología y al bien común. Porque, finalmente pasando a los hechos, ha construido una vistosa “electrolinera” en la esquina de Tolsa y Vallarta para atender a su flamante flotilla de vehículos eléctricos. Porque es del conocimiento público (y más del universitario) que a la ciudad la está ahogando el tráfico motorizado, y que construir estacionamientos como el del caso colabora, precisamente, a hacer proliferar aún más dicho tráfico. Porque ya ninguna ciudad verdaderamente progresista construye este tipo de infraestructuras; al revés, las están desmantelando. Porque encima de los indebidos estacionamientos no crecen los buenos árboles que tanto se ocupan aquí. Y etcétera.

Sería lógico pensar que, si se trata de hacer un negocio –cosa que no es el objetivo de nuestra universidad- lo trataran de hacer en otro lado donde no se lesionara a la comunidad. Que si se trata de chiquear a los asistentes del Teatro Diana (un par de horas cuatro o cinco veces por semana, o algo así) se les instruya amablemente sobre el uso del transporte colectivo, de los taxis, del Uber, del vehículo compartido, de las bicipúblicas, de la marcha a pie. Que se colabore así a aumentar la conciencia ciudadana sobre la fragilidad y el cuidado de nuestro medio ambiente. Así se hace en Londres, París, Nueva York, Viena… a nadie se le ocurre ir al teatro con todo y coche, es hasta ridículo.

Seguramente en la UdeG hay multitud de académicos y estudiantes que son conscientes de todo lo anterior. Quizá habría que preguntarles. No es creíble que la universidad pública se embarque en un negocio –con fondos públicos- que redunde en el perjuicio de la historia tapatía, de Mexicaltzingo, de la ecología, de la educación cívica y ambiental de la población.

La plaza de Mexicaltzingo debe ser defendida, cuidada, renovada, plantada con grandes árboles, adornada con fuentes, habitada por sus dueños, los vecinos y todos los tapatíos.

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