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Domingo, 20 de Enero 2019

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Insubordinados en extinción

Por: Ivabelle Arroyo

Insubordinados en extinción

Insubordinados en extinción

No tienen nada de sorprendente las salidas de Diego Monraz y de Macedonio Tamez del Partido Acción Nacional en Jalisco, pues estaban cantadas hace mucho tiempo. Lo que sí tienen son varios elementos de preocupación: y no por el PAN, tampoco por el futuro político de Monraz o de Tamez, sino por el esquema de partidos en el que se inscriben.

La verdad es que era lindo verlos pelearse adentro de su club, levantar la mano y alzar la voz para intentar cambiar de rumbo. Los partidos necesitan diferencias internas, militantes insubordinados, integrantes rebeldes. Sobre todo ahora, que se han convertido en espacios de colocación laboral, con élites inamovibles y militantes que sólo sirven como carne de cañón con aspiraciones de curul.

En el PAN pasa desde hace tiempo, y era saludable ver insubordinaciones de vez en cuando, por ahí había la posibilidad de que ese partido regresara a la discusión como método para construir una idea de país.

En el PRD la cosa es más preocupante, y lo evidenció la reciente elección interna. Los amarillos no salieron a votar: fueron arrastrados, comprados y azuzados por los pastores de ese instituto político. La organización salió bien, sí, qué bueno, pero el proceso para que los militantes votaran por una u otra expresión fue desastroso desde el punto de vista de la construcción democrática del partido: los militantes (ojo, militantes, gente registrada, personas adultas que optaron por identificarse con una credencial dentro de un club con el que tiene ideas afines) fueron seducidos a golpe de despensas en los lugares en donde el PRD tiene más recursos para ello, es decir, en donde gobierna.

Es tristísimo ver ese comportamiento político entre los mexicanos: los líderes partidistas no tienen seguidores, no hay banderas que arrastren conciencias… lo que hay son bolsas de arroz y clientelas comprables. No se trata de un asunto de inequidad o compra de conciencias como en una elección constitucional. Este es un club, y los afiliados han decidido que su participación vale una despensa. No es de extrañar que los insubordinados, otra vez, queden fuera de las estructuras, caminen por rumbos desolados y terminen renunciando a su partido.

En el PRI por ahora están de plácemes (me refiero a comportamientos generales, ofrezco disculpas por la caricaturización), con un partido ligado nuevamente al poder central del presidente. Ahí tampoco hay insubordinados, ahí hay soldados que siguen sin cuestionar el camino que marca la deidad desde Los Pinos y los senderos que dibujan sus gobernadores.

Es muy preocupante para la democracia mexicana que los partidos se estén quedado con militantes sin iniciativa, sin pensamiento libre, sin fuerza para pelear y con ganas de despensas. Es triste que los insubordinados se salgan de los tres partidos que toman las decisiones en este país.

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