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Domingo, 20 de Enero 2019

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¡Infructuosa temporada!

Por: El Informador

Por Xavier Toscano G. De Quevedo

Una de las notas que continúa causando mucha alteración en el mundo de la fiesta brava es la que refiere a la intransigente y dictatorial postura del alcalde de Bogotá, éste altanero y soberbio personaje se mantiene con su desplante de extender su sentencia a la plaza Santamaría y al espectáculo taurino. Sin embargo, ante esta injustificable situación que se ha prolongado por más de dos años, ahí permanecen inamovibles —a las afueras de la plaza de toros— varios jóvenes novilleros en una digna y valerosa postura pidiendo con toda justicia que se respeten sus derechos, y lo más fundamental, que nadie puede coartar “la libertad”.

Sin embargo, al margen de estas ilógicas, maniáticas y violatorias acciones de algunos gobernantes o grupos intransigentes, uno de los más graves problemas que vienen aquejando en las últimas décadas a nuestra fiesta es la búsqueda auténtica de jóvenes novilleros.

No es tarea sencilla organizar los denominados festejos menores o novilladas y más en estos tiempos de tan delicada situación, y sin embargo es en estas hostiles circunstancias cuando mejor y con mayor verdad deberían hacer las cosas los promotores y demás actores del espectáculo taurino, porque de lo contrario continuaremos como hasta hoy, con las penurias actuales, los traspiés, la escasísima asistencia de aficionados y público en los tendidos, es decir, con ¡infructuosas temporadas!

Una vez más, ha quedo de manifiesto que actualmente no contamos con novilleros importantes en nuestro país, y es que la mayoría de los jóvenes que transitan en las plazas no han mostrado ninguna idea ni conocimientos en el arte de lidiar reses bravas, y los que han conseguido expresar más o menos algunas cualidades es porque se les ha brindado la oportunidad de ir a España y asistir a “escuelas de tauromaquia” bajo la dirección y supervisión de maestros españoles.

Es lógico y definitivo, no existe ningún secreto, el oficio de lidiar reses bravas se aprende en las escuelas de tauromaquia, bajo las enseñanzas y la supervisión de verdaderos maestros.

Valdría la pena una vez más recordar que en el trayecto histórico de nuestro mágico espectáculo taurino, cuando van ganando adeptos y partidarios los mozos de a pie, irán junto con ellos, poco a poco, apareciendo reglas y conceptos adquiridos por los primeros lidiadores, que más tarde serán enseñados y trasmitidos a sus cuadrillas y a los jóvenes acompañantes.

En nuestro país, durante los primeros vestigios de la fiesta, eran los toreros españoles los que cruzaban el Atlántico para organizar los festejos, viajando inclusive desde la Península Ibérica con sus toros que habrían de lidiar en las diferentes poblaciones mexicanas. Es casi a finales del siglo XIX cuando aparece Ponciano Díaz, con una concepción e interpretación del toreo que en nada se asemejaba con lo que era y es el espectáculo taurino. Ponciano pronto lo entiende, y toma la dedición de viajar a España para aprender los conceptos, las normas y reglas del oficio de lidiar reses bravas.

Iniciado el siglo XX por fin surge una escuela en nuestro país, en León, impartiendo sus conocimientos el maestro español Saturnino Frutos “Ojitos”, y aparece para gloria de nuestra fiesta Rodolfo Gaona. Y así van germinando en nuestro México grandes toreros dando forma y fondo a la “Época de Oro” en la que hubo quienes nacerían en hogares de toreros, en donde sus padres, tíos o hermanos les enseñaban los secretos del torero aprendidos de coletas españoles o porque habían viajado a España para adentrarse y perfeccionarse en los conocimientos de la lidia.

Hoy nada, absolutamente nada que ver de aquellos memorables y románticos tiempos. Reconozcamos que actualmente se vive en nuestro país un gran vacío, por una organización nefasta y mediocre dentro de una fiesta decadente y empobrecida que no ha permito el surgimiento de algún joven verdaderamente importante.

No obstante a esta tragedia en la que nos tienen hundidos, estamos seguros y con la firme esperanza y convencimiento de que sí hay jóvenes con vocación torera. Pero ellos tendrán que caminar con verdad, muchísimo sacrificio y total firmeza si quieren conquistar algún día la gloria en este sorprendente y mágico mundo que existe y vive únicamente gracias a su Majestad, El Toro Bravo.

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