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Viernes, 18 de Enero 2019

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Independencia, ¿qué festejar?

Por: Rubén Martín

Independencia, ¿qué festejar?

Independencia, ¿qué festejar?

La conmemoración del grito de Independencia cada 15 de septiembre es quizá el festejo cívico más popular de los mexicanos. Millones de ciudadanos salen a las principales plazas del país para congregarse en las ceremonias convocadas por las autoridades políticas.

Acuden con una doble intencionalidad: de espíritu festivo, pero también de fervor cívico, con lo cual se refuerza la identidad y se reproduce lo que llamamos nacionalismo. Es uno de los pocos momentos, además, de que la población ve delante suyo al gobernante en turno: en un balcón de Palacio de Gobierno, tocando la campana, vitoreando a los héroes que nos dieron patria y libertad.

En sí mismo, el ritual del festejo del inicio de la independencia de México ya muestra el antagonismo que atraviesa la sociedad, pues aunque formalmente se convoque a una sola fiesta, en cada plaza pública y palacio de gobierno se celebran fiestas diferentes.

Adentro de palacio de gobierno acuden la clase política, los grandes empresarios o principales dueños del dinero del pueblo respectivo, los embajadores y representantes consulares, los mandos militares y policiales, actores, y periodistas que suelen acompañar al poder. En esta fiesta se sirven comidas y bebidas caras.

En la plaza pública la fiesta es abierta, asisten las clases populares, y se consume el alimento y la bebida que se vende en la plaza.

El ritual del grito de Independencia ofrece además la oportunidad de escuchar el discurso de los políticos y compararlo con sus prácticas.

Por un lado, los gobernantes en turno, repiten el ritual conmemorativo y llaman a vitorear a los héroes nacionales, mientras por el otro lado propician políticas económicas que trasnacionalizan cada vez más la economía y ceden aspectos esenciales de la política y decisiones jurídicas a otras naciones o corporaciones extranjeras.

La independencia, dice el más común de los diccionarios, consiste en tener libertad, en no depender ni rendir tributo a otro Estado. El México actual es formalmente independiente, pero en la realidad son muchas las sujeciones que tiene con poderes extranjeros.

La economía mexicana, una de las más trasnacionalizadas del mundo agracias a las políticas de apertura económica y firma de tratados comerciales, y una buena parte de la riqueza nacional está ahora en propiedad, concesionada o monopolizada por corporaciones trasnacionales. Las finanzas y el dinero mexicano también es controlado por bancos y grupos financieros extranjeros.

La supuesta independencia política del país se ha ido convirtiendo en una nueva sujeción política y en un neocolonialismo a través del cual corporaciones extranjeras ejercen un nuevo control de la riqueza y del territorio mexicano.

No soy de la idea de que el nacionalismo nos redimirá, pues hace tiempo que la soberanía dejó de residir en la delegación del poder originario al poder controlado por la clase política.

La independencia que venga deberá contener un alto grado de autonomía, tanto de cada sujeto como de los pueblos, comunidades y barrios, para impedir que otra vez la clase política mexicana traicione las aspiraciones populares de no vivir bajo sujeción y tutela de un poder externo, como ahora ocurre.
 

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