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Martes, 22 de Enero 2019

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Iguala: ya nada será igual

Por: Javier Hurtado

Para los partidos políticos (especialmente para el PRD), para el país y para el Presidente de la República, después de los acontecimientos del 26 de septiembre pasado en Iguala, Guerrero, ya nada será igual. A partir de ahí inicia un punto de inflexión que deberá transformar de fondo la manera de cómo los partidos políticos y sus líderes se relacionan con las población;  la capacidad de respuesta de los gobernantes y cuerpos de seguridad del Estado mexicano; así como la percepción que de México y su Presidente se tiene en el exterior. Ya nada será igual.

Se necesita ser demasiado ingenuo o cínico (o las dos cosas a la vez) para que el líder “moral” del partido político implicado en ese acontecimiento se presente a tratar de instrumentalizar la marcha. Si no hubieran sacado de ahí al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas quién sabe qué le hubiera podido pasar.

Debe reconocerse que Cárdenas ha hecho una innegable contribución a la democratización de México y que la agresión tumultuaria y anónima a cualquier persona es una forma de violencia que no puede justificarse. Para bien o para mal, las “vacas sagradas” quedaron convertidas en ídolos de barro. Si eso le hicieron a Cuauhtémoc qué no le pueden hacer a cualquier otro vividor de la política y de las movilizaciones. Y eso no es para festejarse, sino para preocuparse.

El 5 de febrero de 1978, Jesús Reyes Heroles alertaba: “Nuestra disyuntiva es clara: no podemos, lisa y llanamente mantenernos en la democracia que tenemos; o avanzamos en ésta, perfeccionándola o retrocedemos. Pensemos precavida o precautoriamente que el México bronco, violento, mal llamado bárbaro, no está en el sepulcro; únicamente duerme. No lo despertemos, unos creyendo que la insensatez es el camino, otros aferrados a rancias prácticas. (…) Todos seríamos derrotados si despertamos al México bronco.”

Lo único que puede perturbar en su cueva el sueño de ese monstruo llamado México bronco, es el fantasma de la creciente desconfianza en la ley y en la justicia.  

¿Cómo es posible que las autoridades del Estado de Guerrero no hayan hecho nada para impedir la huida (con todo y fuero) del alcalde de Iguala y de su esposa (que no tiene fuero)? ¿Cómo entender la actitud de sus autoridades que desde 2009 sabían de las actividades ilícitas de ese matrimonio y nunca hicieron nada para impedirlo o para llevarlos a la justicia?; y ¿cómo entender que el PRD haya postulado como su candidato a ese personaje; y que hoy, sus líderes, diputados y autoridades locales lo defiendan, en vez de defender a los afectados?  

En Guerrero están configuradas las causales exigidas por la ley para que el Senado declare que han desaparecido los poderes en esa Entidad. No hacerlo sería una mala señal.

El México ideal ya terminó; y con ello los reconocimientos internacionales por las reformas realizadas. Este es el México real. Lo peor sería que la inseguridad y la violencia afectaran el crecimiento y la inversión.  

Las circunstancias obligan a terminar cuanto antes con anacrónicos fueros y privilegios de funcionarios públicos. Se precisa fortalecer el Estado de derecho, la eficacia y responsabilidad gubernamental; reivindicar también el valor civilizatorio de la política.

Ese es el mejor soporífero para el México bronco y el mejor aliado de que no existan dos Méxicos, sino uno solo.    

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