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Sábado, 21 de Abril 2018

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Guadalajara de Ambiente... (medio-ambiente)

Por: Norberto Álvarez Romo

Siempre que llega el “Día Mundial del Medio Ambiente” cada año a principios de este mes, se vuelve un sentimiento más y más evidente entre las comunidades de todo el planeta que la calidad de nuestras vidas está amenazada por el daño sistemático al entorno ambiental. Ya sea por el crecimiento urbano desordenado o por la explotación voraz de los recursos naturales, la verdadera riqueza del bien común se ve cada vez más reducida, y en su lugar aparecen más y más paisajes de lesa natura. En 1972, la Asamblea General de la ONU designó el 5 de junio como “Día Mundial del Medio Ambiente”, porque en esta fecha se inició su conferencia sobre el Medio Humano celebrada en Suecia. Veinte años después se convocó la reunión sobre el “Medio Ambiente y el Desarrollo”, conocida también como la “Cumbre de Río”, en Brasil. Fue entonces que la política ambiental internacional se plantearía principalmente dos grandes retos: por un lado, proteger el acervo de los recursos naturales y, por el otro, minimizar los efectos negativos sobre el medio ambiente que ejercen las actividades económicas. “Agenda verde y agenda gris”. Este día, conmemorado cada año con un lema distinto, es uno de los principales medios por los cuales las Naciones Unidas fomentan una alerta mundial sobre el cuidado medioambiental y promueve la atención y la acción política. El tema para 2011 es: “Bosques, naturaleza a tu servicio”. Resulta que estamos también en el “Año Internacional de los Bosques”. Al parecer, se ha reanudado el sentimentalismo arbóreo, porque la destrucción mundial de bosques sigue siendo alarmantemente alta. Poniendo en perspectiva las cosas, vale recordar una vieja noticia publicada allá por los años 80 sobre el lamento oficial reconociendo que en los últimos 30 años habían desaparecido (ya entonces) la mitad de los bosques de México. Recientemente se ha reportado que en 1976 teníamos 136 millones de hectáreas boscosas y que (entonces) todavía figurábamos positivamente a nivel mundial en materia forestal. Ahora se reclama que actualmente sólo tenemos menos de 50 millones y estamos en la lista de países más destructores. Se estima que a nivel nacional cada hora perdemos una superficie equivalente a tres veces el área que ocupa el Estadio Jalisco. ¡Cada hora! Sin embargo, quienes creen que abrazar arbolitos en momentos de euforia emocional constituye el sentido de una auténtica convicción conservacionista, no pueden estar más equivocados. Muestran un desconocimiento fundamental sobre el valor, la importancia y el funcionamiento de los árboles en los ecosistemas y de la naturaleza del territorio. Viven con un pie en la fantasía, mientras con el otro pisan el suelo seguro del progreso. Debemos reconocer que somos una generación que realmente no ha entendido ni apreciado suficientemente bien la riqueza ambiental heredada para poder, honestamente, traspasar a quienes vienen las mismas oportunidades brindadas del patrimonio natural. A lo más que podemos aspirar ofrecer es empezar a preparar a las generaciones venideras para que ellas mismas, por lo menos, puedan tener algunas herramientas útiles que les permitan hacer frente a la situación que heredan imprevisiblemente. Empezar a prepararlas para lo que nosotros no fuimos ni remotamente competentes. Por eso es de aplaudir el esfuerzo que la oficina del medio ambiente en Guadalajara hace esta semana con sus 39 actividades del programa municipal de “Bosques para la Gente”. En un esfuerzo concertado que pocas veces se ve aquí, se ha logrado, por cuarto año consecutivo, dar un paso en una dirección atinada. Aunque fuera por una semana cada año.

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