Jueves, 06 de Mayo 2021

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Grito y garnacha

Por: Jaime García Elías

Grito y garnacha

Grito y garnacha

Si la convivencia entre personas unidas por lazos afectivos o por afinidades ideológicas, y vinculadas adicionalmente por una comunidad de propósitos —un matrimonio, por ejemplo— es difícil, la convivencia entre políticos de diferente signo suele remitir, con más frecuencia de la deseable, a la proverbial relación de perros y gatos.

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El ciudadano común acaba de ser testigo de dos episodios bastante ilustrativos, difundidos profusamente por los medios…

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El primero sucedió en Guadalajara. A imitación del modelo de los césares de la Roma clásica, se dispuso que aquí hubiera, el viernes pasado, en el centro de la ciudad, a falta de “pan y circo”, grito y garnacha. El Gobierno del Estado mandó un mensaje que algunos comerciantes minoristas del ramo gastronómico —tómese nota del eufemismo—, afiliados, casualmente, a sindicatos controlados por el PRI, interpretaron como luz verde para que instalaran anafres, comales y demás en plena plaza. El Ayuntamiento replicó poniendo el grito (otro grito: no la grotesca parodia del que dio el cura Hidalgo en el atrio de la parroquia de Dolores hace 206 años) en el cielo: “¡Los sacrosantos reglamentos municipales prohíben expresamente el ejercicio del comercio ambulante en los espacios públicos!”… El Gobierno respondió que él correría con los gastos para que las viandas se distribuyeran gratuitamente entre la concurrencia y no hubiera la compraventa que la norma prohíbe. El alegato subió de tono, y el desenlace fue frustrante para el populacho: no hubo garnacha.

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El otro ocurrió en la Ciudad de México: al presentar su cuarto Informe de gobierno, el jefe de Gobierno capitalino dijo a los cuatro vientos lo que, al decir de los entendidos, debió haber dicho en privado: echó en cara al Gobierno federal la perversa intención de “ahorcar” a la capital del país al aplicar los recortes presupuestales obligados porque, por misteriosas razones, a las finanzas públicas les sucedió que se baja el cero y no toca… La reclamación alude al llamado “fondo de capitalidad”: una especie de compensación por los gastos que la Ciudad de México asume por el hecho de ser sede política y administrativa de los poderes federales.

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La interpretación que se da a ambos episodios —hermanitos carnales, según las lenguas de doble filo— es la intención de aplicar sendos golpes bajos (muy comunes en los bajos fondos de la política): aquí, al actual alcalde de Guadalajara, por su calidad de precandidato natural al Gobierno de Jalisco; allá, al jefe de Gobierno por la de precandidato natural a la Presidencia de la República; casualmente, en ambos casos, por partidos diferentes a los que actualmente gobiernan.

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(Algo sabían las abuelas de antes cuando aconsejaban: “Piensa mal y acertarás”).

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