Martes, 26 de Octubre 2021

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Festejar al Potmet, festejar la ciudad

Por: Juan Palomar

Festejar al Potmet, festejar la ciudad

Festejar al Potmet, festejar la ciudad

Sin duda es algo que debemos de celebrar. Basta un poco de buena voluntad, un mínimo de generosidad y el deseo real de tener una mejor ciudad. El Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano (Potmet) es un hecho, y ya fue publicado en el Diario Oficial jalisciense.

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¿Qué quiere decir esto para cualquier ciudadano? Que ahora puede, con alguna base, esperar que su ciudad, en lugar de ser cada día peor, mejore. Tal cual.

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Es sabido que, desde 1983 no teníamos un ordenamiento semejante. Diversas circunstancias políticas y administrativas obstaculizaron varios intentos por dotar a Guadalajara de un instrumento esencial como el que ahora, por fin, está vigente. Si se hubiera respetado el Plan de 1983, si otros esfuerzos no hubieran sido abortados por la politiquería, la corrupción, la inepcia o la indolencia, es seguro que tendríamos una mejor ciudad. Y sí, hay que lamentarlo y recordarlo: hay responsables, y millones de víctimas de esta circunstancia.

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Pero estamos ya ante otro panorama: será posible ahora, con las indispensables voluntades políticas y ciudadanas, aspirar a enderezar el catastrófico rumbo que la avidez de los malos promotores, la simple tontería y la jugosa vista gorda de los burócratas le han impuesto a la ciudad por demasiados, casi irreparables años. Y es de justicia mencionar otros responsables: la indiferencia ciudadana, la incapacidad de los partidos políticos, la impotencia gremial y académica, la mansedumbre de instituciones intermedias.

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Así es que hay que celebrar al Potmet, a nuestro nuevo plan para vivir mejor. Y hay que reconocer esfuerzos. Los del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan), en primer lugar. Los de su director fundador Alberto Orozco Ochoa y los del actual, Ricardo Gutiérrez Padilla y sus equipos. Pero es justo mencionar a algunos de los varios arquitectos urbanistas que participaron a lo largo de más de 33 años en lograr encontrar un ordenamiento lo más adecuado posible para Guadalajara. José Pliego, quien ha estado presente en todos los ejercicios, Jorge Camberos, Juan Manuel Arreguín, Fabián Medina, Esteban Wario, Francisco Pérez Arellano… con el riesgo de dejar fuera, involuntariamente, otros nombres de destacados profesionales.

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Precisamente fue el anterior esfuerzo, realizado en 2008, y encabezado por el arquitecto Pliego, el que sirvió de cimiento al reciente ordenamiento. Se trató de lo que se llamó Plan Intermunicipal de Desarrollo Urbano (PIDU), promovido e íntegramente financiado y realizado (ante el incumplimiento de sus compromisos por parte de los otros municipios) por el Ayuntamiento de Guadalajara, por esas fechas. Es el más reciente antecedente que, sin duda complementado y profundizado, tiene el ya largo proceso de planeación tapatío, que comenzó, ni más ni menos, que con las Ordenanzas de Felipe II y desemboca hoy en el Potmet.

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Claro que, como todos los planes, el Potmet es perfectible, ampliable, corregible. Así lo manda la misma legislación. En vez de oír quejumbres por parte de ciertas gentes o instancias debiéramos oír iniciativas que se sumen con toda lealtad al bien común. Es ya demasiado lo que tal actitud ha hecho perder a la comunidad como para insistir en ella.

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El Potmet, en la última instancia, es un esfuerzo integral por darle un sentido más lógico, pleno y sustentable a la existencia de más de cuatro y cuarto millones de habitantes de Guadalajara. Es un esfuerzo en favor de la felicidad comunitaria, del éxito de la ciudad como lugar para vivir. Bravo.

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