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Domingo, 19 de Noviembre 2017

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Feminismo y academia

Feminismo y academia

Feminismo y academia

Dejemos a un lado, por obvio, el derecho de todo el sexo femenino a una situación mejor, a no ser objeto de discriminación y a exigir equidad. Pero no perdamos de vista que la urgencia de una vindicación también atañe, tal vez con mayor apremio, a otros sectores de la sociedad. Pero en el caso de la antaño definida como “liberación femenina” cabe reconocer que cuenta con partidarias que han perdido un tanto la brújula y, haciendo valer el poder de su alta clase social persiguen vorazmente posiciones de poder.

La puja llega a niveles no solo ridículos sino hasta de una estulticia que se sustenta con la ignorancia. No hace mucho, Pérez Reverte, por caso, se lanzó en defensa de la Academia de la Lengua Española, acusada de preconizar un lenguaje de “esconde a las mujeres”.

Tal vez exageró las virtudes del dicho cuerpo. Los mexicanos no podemos olvidar aquel famoso y voluminoso contradiccionario que se tituló Madre Academia, debido Raúl Prieto, (a) Nikito Nipongo, conocedor supremo del idioma que hablamos. En dicha obra hacía un recuento de las tarugadas del diccionario de la citada Academia.

Pero mucho de lo que dice Pérez Reverte es cierto. La lengua tiene una legislación y una estructura (una razón de ser) que no pueden ser violentadas así nomás para que parezcan femeninos ciertos sustantivos.

Ya se coló desde hace tiempo la feminización de “presidente” cambiando la “e” por la “a”, mas para que las cosas fueran correctas, deberíamos de haber cambiado también el masculino: presidento…

Ahora acaban de decidir que el femenino de juez es jueza… Habrá que crear entonces la palabra juezo…

Cuando Josefina Vázquez Mota pretendió ser presidenta de nuestro país, algún ingenioso lanzó aquel párrafo que empezaba más o menos así: “Desde que la señora era una estudianta adolescenta, ya estaba concienta de la problemática nacional, se convirtió en una aspiranta a ser su comandanta…”.

Una adecuada actualización daría lugar entonces, a palabras como estudianto, adolescento, consciento, aspiranto, comandanto, capatazo y capataza, locuazo y locuaza, neutralo y neutrala, internacionalo e internacionala, cónsulo y cónsula, etc.

Por otro lado, los defensores del sexo “fuerte” habrían de proceder a utilizar palabras como poeto, guaruro, para evitar confusiones y no se diga que se trata de saludar con sombrero ajeno. No de balde está apareciendo el uso de otro término peor y más desagradable aun: feminazi.

Bien podría decirse que se vale, por supuesto, la vindicación del género, máxime con un criterio de equidad social y no clasista, pero también aquello de que “ni tanto que no alumbre al santo ni tanto que lo queme”.

Me pregunto ¿qué diría el gran Nikito Nipongo de tales perlas?

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