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Lunes, 20 de Noviembre 2017

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Enrique Alfaro y su oportunidad para rectificar

Enrique Alfaro y su oportunidad para rectificar

Enrique Alfaro y su oportunidad para rectificar

No puedo evitar una enorme sonrisa. Leo en el diario Milenio. En junio la Comisión Estatal para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de Jalisco (CESPIJ) declaró a las icónicas calandrias tapatías como una tradición a salvaguardar, mediante una declaratoria de protección. La idea final es inscribirlas en el inventario del Patrimonio Inmaterial de Jalisco. Las razones: la imagen de ellas junto con la catedral viene de antaño, una se identifica con la otra y viceversa. Hay cosas análogas en otras ciudades en México y en el extranjero. Son algo parecido a la charrería siendo esta última Patrimonio Cultural de la Humanidad. Eliminarlas no tiene razón en la protección de los animales. Los caballos tienen fuerza para recorrer más de diez veces de lo que recorren actualmente...

En todo caso se sugiere actuar con inteligencia, tal como lo propuse en otro lugar (http://www.huffingtonpost.com.mx/sergio-aguirre-sanchez/sin-caballos-no-hay-calandrias_a_21659885/). Regular y cumplir dicha norma para garantizar un trato digno como evitar en la espera los caballos reciban el Sol de lleno, mantener la capacitación de los calandreros, en algún lugar del centro de tantos abandonados hacer una caballeriza de primer mundo para descansar decentemente. En fin, ordenar las calandrias para mejorar todo, renovarlas y reimpulsarlas. Desde la conducción, sus rutas, seguridad, alimentación, salud, habitáculos, su fomento, identificación vial, condiciones mínimas del diseño y materiales de la carroza, etcétera.

Porque como ya lo dije antes, sin caballos no hay calandrias. Y esa torpe idea de cambiar a los caballos por motores contaminantes primero y luego eléctricos es un despropósito porque ya no serían calandrias, serían carritos descapotables completamente ajenos a la imagen icónica de añales. La calandria es con caballo, carroza y conductor. Quitarle los caballos es destruirlas, amén de significar un gasto en balde. De seguir avante con esta locura, con la terquedad tan característica de nuestro presidente municipal, no me cabe ninguna duda: a menos de que el próximo sea un fan o compinche de Alfaro, regresará la tradición al día siguiente.
Nuestro alcalde-candidato contumaz a la gubernatura, tiene una gran oportunidad. Reconocer su error y dar marcha atrás, con el argumento de atender la declaratoria de protección de la CESPIJ y así salir del problema mejor parado. Porque todo mundo se equivoca. Pero la bronca no es esa. Sino mantenerse en él de manera deliberada.

Tanto por esta situación calandrera, y su carácter berrinchudo y de nula autocrítica, no me gusta para gobernador y tampoco para que siga en el cargo. Por ello, aprovecharé su algo riesgosa soga al cuello autoimpuesta. Votaré en el ejercicio de revocación de mandato propuesto por Alfaro y MC para septiembre. Aunque dudo sirva de algo por ser esencialmente un mal show y porque esas cosas están diseñadas para mostrar el músculo clientelar: la clientela alfarista serán casi de seguro los mayoritarios y vaya usted a saber dónde pondrán las casillas y quiénen contarán los votos. Pero por lo menos quizá represente una manera de protestar en contra de alguien cuyo objetivo es andar por ahí destruyendo los íconos de nuestra amada ciudad y gran Estado —con excepción de la Minerva donde habrá de reconocerle un muy buen trabajo—. ¿Qué sigue, prohibir las tortas ahogadas para que no sufran los cerdos? Y de gobernador, ¿Prohibir el tequila para que no sufran los agaves? Ojalá él aproveche la situación y me calle la boca.

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