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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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En absoluto silencio y terrible oscuridad

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

¡Con qué vertiginosa marcha pasa el tiempo! Y es así, que en un abrir y cerrar de ojos, estamos a unos cuantos días de finalizar el mes que nos marcó el inicio del segundo semestre de este 2017. Pero si miramos un poco hacia atrás, vemos y recordamos con exactitud los mejores momentos —que seguramente, tampoco serán en abundancia— de las ferias que hoy forman ya parte de la historia como Valencia, Sevilla, Madrid y Pamplona.

Sin embargo, la temporada española continuará avanzando con más Ferias y festejos a lo largo de su geografía, incluyendo además una parte importante de los eventos taurinos que se programan con asiduidad en el país galo, de los cuales tendremos la oportunidad de disfrutarlos en número substancial hasta llegado el mes de octubre con la tradicional Feria de Pilar en Zaragoza, y que ya es habitual que pondrá punto final a la temporada del otro lado del Atlántico.

Pero, en tanto estos interesantes y atrayentes acontecimientos se viven en los países del Viejo Continente, los cuales continúan con “atrevimiento” —pese a las continuas, nefastas, irritantes y tozudas agresiones— dándose sin descanso, como lo marca la indestructible tradición taurina de ya varios siglos, aquí en nuestro país la situación referente al Espectáculo Taurino, no es tan halagüeña, ya que ha sido muy evidente el ver en los últimos meses que la programación de festejos es totalmente nula.

Así que, tratando de pensar cuales serían las probables causas, —aunque no es un secreto, que han transcurrido varias décadas con el mismo escenario— se pudiera argumentar que una de ellas la podríamos encontrar en las condiciones climatológicas propias del verano, y que la mayoría de las plazas en México no están adecuadas para proteger a los “probables asistentes” de las inclemencias del tiempo. ¿Y en España sí están todas acondicionadas?

Bueno, aceptemos y digamos que quizás sería ésta una potencial justificación, —¿o solamente un pretexto?— pero consideramos que concluyentemente no es la única, ni la más válida.

Lo que sí es cierto e indudable realidad, es el lamentable y obscuro panorama por el que viene atravesando el espectáculo taurino —sí, en minúsculas— en todo nuestro territorio, y esta sí es la indiscutible y única causa por la cual los “actuales empresarios” —adversos acaparadores y monopolistas— se niegan a montar festejos, ya que ellos mismos saben a la perfección que sus inmuebles —léase, plazas de toros— presentarían un panorama desolador en los tendidos, ya que ni por asomo asistirían —con toda justificación y derecho— los “ya muy escasos aficionados” que van quedando, y mucho menos el “nuevo y confundido público eventual”. ¡Sí señores, así de funesto, nocivo y pernicioso ha sido su “trabajito”!

¿Se podrá algún día revertir éste catastrófico aturdimiento, que mantiene aletargado el espectáculo en nuestro país? Sí, sí y sí, obviamente que sí, y no tendrán que darle muchas vueltas, porque el único remedio infalible que renovará a nuestra fiesta, es el de actuar con “autenticidad”, y que lo entiendan y lo lleven a cabo los protagonistas —léase empresas, actuantes y ganaderos— quitándose de su mente toda soberbia y nefasto engreimiento, admitiendo con humildad y sumisión, el grande cúmulo de errores y horrores que han cometido.

Esperando que a la mayor brevedad posible —porque ya han transcurrido demasiadas décadas— se conduzcan por el único camino verdadero dentro de éste mágico, enigmático y hermoso mundo; el que exclusivamente, y nadie más, guía y conduce, Su Majestad El Toro Bravo.

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