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El poder de Francisco

El poder de Francisco

El poder de Francisco

Creían que la tendrían fácil: ‘invitamos al Papa, enloquecemos a las masas de mexicanos fieles y fervorosos para que no piensen ni se fijen en la realidad nacional, para que no pregunten, para que no exijan ni manifiesten sus inconformidades y chance y hasta logramos no sólo distracción sino olvido de los problemas más graves y urgentes’ con una crisis económica que amenaza con empeorar, con más de 50 millones de mexicanos pobres, con deficiencias insostenibles en servicios sanitarios y educativos, decenas de miles de muertos y desaparecidos  y una impotencia descomunal.

Muy conveniente, pues, seguro pensaron en las altas esferas de Gobierno, la visita del Papa Francisco.

Desde hace algunas semanas, conforme se acerca la fecha de que Francisco visite tierras mexicanas en calidad de sumo pontífice y/o jefe del Estado vaticano, en las televisoras se difunden canciones tipo aquella de Roberto Carlos para Juan Pablo II que le dio la vuelta al mundo y realmente despertaba emociones.

Por supuesto que no puedo hablar por todos, pero se me figura que estas estrategias de los grandes medios electrónicos en México no están surtiendo los efectos que quisieran, que esperan. En lo personal se me hacen recursos trillados y sobados, obsoletos además si pensamos en que la sociedad mexicana es totalmente distinta a la que recibió por primera vez a Juan Pablo II y de que el papa Francisco no es Juan Pablo II. Esto último, que pudiera parecer una verdad de Perogrullo, tendría que explicarse muy bien, reitero, en las altas esferas del Gobierno mexicano en donde, creo, priva la confusión.

De alguna manera esto queda en evidencia con las “estrategias” mercadotécnicas que se refieren a un México que no existe, que no es feliz, cuyo tejido social sufre graves y profundas rasgaduras. Hablan de un México de fantasía, de película cursi y falsa que no encaja, no embona con el México que vivimos y sufrimos todos los días, con injusticias, corrupción, abusos, políticos ávidos de poder y de mantener sus carreras a costa del erario público; un México en donde increíblemente se gastan miles de millones de dólares en un avión mientras millones de mexicanos no tienen casa, ni trabajo, ni comida.

Esta visita del Papa Francisco que seguramente siguen creyendo conveniente, quizá a lo que contribuya es de una vez a tirar el tinglado de la obra teatral que representa la clase política en pleno.

Porque esta es apenas una parte del asunto. La otra es que el Papa Francisco, poderoso nada más por eso, está imponiendo condiciones que el Gobierno de México trataba de evitar como llegar a ciertos lugares en Guerrero y Chiapas; y abordar temas que para las autoridades representan los principales temas de cuestionamiento en la presente administración, de manera específica los 43 normalistas desaparecidos.

Justo esta semana, para algunos analistas precisamente por eso, el sumo Pontífice ofreció una conferencia de prensa en donde habló de los problemas que nos aquejan: narcotráfico, corrupción y violencia, los temas que la administración peñista no quiere que se aborden. La definición de los sitios tanto en Guerrero como en Chiapas como parte del itinerario del Papa es significativa por todo lo que ambas entidades representan. Para muestra sólo dos botones: Ayotzinapa y el EZLN.

Durante siglos, miembros de la jerarquía de la Iglesia católica han estado del lado de los poderosos; Francisco ha dado muestras (y todavía no suficientes en muchos casos) de que está más con la gente y no sólo católica. Ha manifestado sus preocupaciones por la humanidad. La visita a nuestro país que iniciará dentro de una semana es la gran oportunidad de que, por lo que respecta a los mexicanos, su Santidad contribuya a que esas masas que desde el Gobierno y las televisoras se pretende manipular, abran los ojos.

Este es el gran poder de Francisco, el mismo que la clase política no quiere que ejerza porque no es conveniente para quienes han esquilmado al pueblo mexicano desde hace centurias.

Esta información que trasciende sobre los desencuentros diplomáticos entre el Gobierno mexicano y el Vaticano, en realidad es esperanzadora, es noticia de que el poder del Papa está, puede y debe estar, al servicio de los fieles.

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