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Miércoles, 16 de Enero 2019

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El más buscado

Por: Carlos Loret de Mola

El más buscado

El más buscado

Diana Vázquez era mesera del Sabinas Tavern de Chicago. Fidel Urbina y su compañera de trabajo, Susana Paniagua, llegaron al sitio y ella los atendió esa noche, la del 28 de febrero de 1998. Se la echaron larga: los tres salieron hasta que cerró el bar, a las 3am. Fidel llevó a Susana a su casa y se quedó con Diana. La llevó contra su voluntad a un taller hojalatero, ubicado en 2158 West 18th Street. Y la violó.

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No le bastó a Fidel Urbina. Se la quiso llevar a su departamento. La subió a un coche por la fuerza y al arribar al lugar, la violó de nuevo a punta de navaja. Urbina se quedó dormido. Diana aprovechó para huir a un hospital donde la atendieron y denunció el delito. Nada pasó.

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Ocho meses después, el 20 de octubre de 1998, Gabriela Torres llevó a reparar su vehículo a un taller mecánico, localizado en 2318 West 50th. Street Place, del propio Chicago. Fidel Urbina era el jefe del taller.

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Al día siguiente, el cadáver de Gabriela fue hallado en la cajuela de un Chevy Lumina azul que había sido incendiado. El cuerpo estaba carbonizado y presentaba ataduras con cables de bujía y cinta adhesiva. La necropsia reveló que Gabriela había sido violada por Urbina.

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Por la brutalidad con la que actuó y su capacidad para evadirse de la justicia (adoptó los nombres de Lorenzo Maes y Fidel Lorenzo para no ser detectado), el FBI lo incluyó en su lista de los más buscados 14 años después de los hechos, en junio de 2012. Y pidió ayuda a las autoridades mexicanas.

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Según fuentes internacionales de la Interpol, que tiene su sede en Lyon, Francia, el buró federal de investigaciones de Estados Unidos acudió a esta coordinación policiaca mundial como vía para pedir a México que rastreara al violador y asesino. En nuestro país, se hizo cargo del caso la Agencia de Investigación Criminal de la Procuraduría General de la República.

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Estas mismas fuentes me revelan que el FBI y la AIC se coordinaron para dar con el paradero de Fidel Urbina: vivía en la ranchería Polvo de Valle de Zaragoza, Chihuahua. Había adquirido una nueva identidad. Ahí lo conocían como Edgar Díaz Hernández.

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Encubiertos, los agentes mexicanos se trasladaron hasta el poblado, entrevistaron a los vecinos, realizaron las coberturas. Y claro, preguntaron en los tres talleres mecánicos de la zona. Uno de ellos resultó ser de Edgar Díaz Hernández. Fidel Urbina, en realidad.

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Dos años de indagatoria después, finalmente dieron con su domicilio y lo encontraron ahí. Lo sometieron sin que opusiera resistencia. No hizo falta un solo balazo.

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Y ahora, uno de los diez más buscados de la lista del FBI, aguarda su extradición a Estados Unidos para responder por el bestial y delictivo comportamiento del que fueron testigos Diana Vázquez, una de sus víctimas, y Jaime Vázquez y Francisco Sánchez, los dos empleados que confesaron haberle ayudado a quemar el cuerpo de Gabriela Torres.

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