Lunes, 17 de Mayo 2021

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El martes votan los gringos

Por: Sergio Aguirre

El martes votan los gringos

El martes votan los gringos

Por fin llegará el día. El próximo martes nuestros vecinos decidirán si se meten un lío y con ello meten a EEUU en líos con todo mundo y con nosotros en primer lugar de una larga fila. No soy profeta. Si bien por supuesto me gustaría que perdiera el troglodita lanza excremento verbal de demagogia maloliente que es Donald Trump (siempre lo ha sido, así maneja sus negocios según Stanley Bing en su ¿Que haría maquiavelo? libro cuya lectura aprovecho recomendar a usted lector ya que se divertirá bastante). Pero en estos tiempos ya nadie tiene bolas de cristal, ya que las encuestas están siendo cada vez menos precisas, aparentemente por una curiosa tendencia global de mentir por parte de los encuestados, moda muy rara de la que dan cuenta los estudiosos del tema y cuya razón de existir al día de hoy son puras especulaciones: nadie sabe porqué la gente está mintiendo. Pero de que el fenómeno está ahí, lo está.

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Los norteamericanos tienen una gran responsabilidad ya que son la mayor potencia mundial, pero ello no los hace diferentes a los electores de cualquier país. ¿Qué nos motiva a votar en un sentido o en otro? Muchas cosas pueden ser. Desde banalidades como que si tal o cual candidato o candidata están guapos o feos, hasta la revisión concienzuda de principios, propuestas o candidaturas que le sean más verosímiles o correctas al elector, pasando por la tradición, la empatía con el candidato, su carisma o don de gentes, para que no gane tal o cual candidato aún cuando se está en contra para evitar un mal mayor (voto útil o votar tapándose la nariz), el voto de castigo (o de venganza), por simple conveniencia, por transacción de dinero u otras prebendas (la peor cara del clientelismo) o incluso hasta por medio del azar, con un volado por ejemplo. Y ponga aquí el lector cuántas motivaciones considere.

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El gran peligro del populismo o la moderna demagogia, es su gran atractivo discursivo por su fuerza retórica que se alimenta del rencor hacia el otro haciéndolo culpable de todos los males, mismo que hace que los votantes los hagan de manera irracional e incluso en contra de sus propios intereses. El discurso que divide a las personas en buenas o malas —donde uno es evidentemente el bueno—, evita reconocer que no todo es blanco o negro, sino que el mundo está dibujado en muchos grises donde no solo hay competencia sino también cooperación, elementos ambos que son los que nos hacen avanzar: el llamado ganar ganar. Es como la también equivocada clasificación entre ricos y pobres como antagonistas permanentes del mafufo marxismo de la lucha de clases donde unos necesariamente ganan a costa necesariamente de otros, mentira que la realidad se ha encargado de negar hasta el hastío.

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Espero solo tener que escribir sobre tan desagradable y fétido tipejo una vez más: para celebrar su derrota. Que gane Clinton. Amén.

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