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Sábado, 19 de Octubre 2019
Ideas |

El limbo y las leyes

Por: Diego Petersen

El limbo y las leyes

El limbo y las leyes

Cuando hace ocho años, en un acto de coherencia lógica y teológica, el Papa Benedicto XVI cerró para siempre las puertas del limbo y lo dio de baja del catecismo como el lugar al que iban lo niños sin bautizar, seguramente no conocía el Congreso de Jalisco.

El limbo, nos enseñaron en el catecismo, era ese lugar intermedio entre el infierno, que no merecían lo niños porque nunca habían pecado, y el cielo, al que no podían acceder por falta de la gracia del bautismo. Nos guste o no, fue un invento genial, una especie de no-lugar que permitía resolver un conflicto práctico, aunque ciertamente no aguantaba la prueba del ácido teológico, pues en la creencia católica la misericordia está y estará siempre por encima de la urgencia de los curas por bautizar chamacos.

La novedad es, pues, que el limbo sí existe, pero no para las almas inocentes sino para la leyes que fueron paridas por diputados pero no recibieron la gracia del reglamento. En Jalisco hay 27 leyes en el limbo legislativo (ese dato por cierto no apareció en ninguno de los informes que nos dieron los diputados en días pasados) mismas que no pueden aplicarse por falta de un reglamento. La mayoría son leyes que tienen que ver con temas sociales, o si se prefiere son esas leyes que los diputados aprueban para quedar bien y recibir aplausos, las presumen en sus informes y campañas pero, como nunca son reglamentadas, son inaplicables y sobre todo no tienen presupuesto. Tenemos así leyes de protección a “los niños y la niñas” (por el nombre debe ser de los tiempos de Fox y Marthita), de protección a madres solteras, de fomento de los jóvenes, de protección a víctimas y hasta de erradicación de garrapatas (en otros lares a las garrapatas se les combate con garrapaticidas; en Jalisco las aplastamos con todo el peso de la ley). Todas están muy bonitas, pero en la práctica son letra muerta.

La legislatura que hace falta en Jalisco no es una que haga más leyes sino una que elimine, fusione, simplifique y derogue todas aquellas que son un estorbo social. ¿No es mejor tener una ley de asistencia social buena y bien reglamentada en lugar de cinco que velan cada una por un grupo vulnerable pero que no se aplican por falta de reglamentos y presupuesto?; ¿No es más inteligente que sea el gobierno en turno el que genere políticas de apoyo a grupos vulnerables, combate a garrapatas y otras plagas y de atención a víctimas en lugar de hacer una ley para cada cosa?

Nuestros políticos creen que legislar sobre un problema equivale a resolverlo (basta oír los anuncios de las cámaras de diputados y senadores). Si seguimos haciendo leyes ad hoc este país no sólo seguirá estancado en su política social sino que será cada día más difícil de vivirlo. A riesgo de pecar de ingenuo, una de las cosas positivas de la reelección es que los diputados puedan pensar más allá de la foto de mañana y entender que su trabajo es simplificar la convivencia y que los problemas se resuelven trabajando, no legislando.

El limbo no está cerrado, se lo apropiaron los diputados de Jalisco.
 

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