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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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El interés de México en Estados Unidos

El interés de México en Estados Unidos

El interés de México en Estados Unidos

Uno de los aspectos más complejos de la identidad mexicana es la definición de nuestro papel en el mundo y especialmente frente al poder de los Estados Unidos. A lo largo de generaciones el sentimiento antinorteamericano cultivado a partir de la guerra del siglo XIX, y el ascenso de nuestros vecinos como potencia hegemónica mundial ha evolucionado. La sociedad actual está inmersa en una transversalidad global en la información, el conocimiento, la tecnología, las finanzas, las comunicaciones y el poder económico y militar. La sociedad mexicana con su enorme bagaje cultural está inmersa en la liquidación de fronteras, límites y restricciones que nos colocan ante una realidad geopolítica ineludible: En un mundo integrado por bloques, México está integrado económica y políticamente en Norteamérica, mientras que sentimental y culturalmente unido a Hispanoamérica como una idea más que una realidad.

El canciller Fernando Solana Morales, quien nos ha dejado hace apenas unos días, tenía clara ésta aparente contradicción que se convierte en oportunidad. Nos ha costado mucho entender a lo largo de generaciones la forma pragmática de actuar de nuestros vecinos, pero somos quizá los latinoamericanos que mejor les conocemos. Los hechos muestran que hemos evolucionado de una suerte de pacto de sumisión a partir del siglo XIX a una táctica más activa para sacar partido a nuestras condiciones geográficas, sociales y económicas desde hace 30 años.

Esto no solamente ha sucedido en el ámbito del Gobierno, sino de la empresa y la misma sociedad. Pero aun así queda mucho por hacer para proteger el interés de los mexicanos en ambos lados de la frontera. El tema se ha vuelto actual a partir de las diatribas amenazantes de Donald Trump y de la creciente actividad económica conjunta que cada día se fortalece y nos involucra.

Los Estados Unidos tienen en México una suerte de aliado que tímidamente se percata de su fortaleza mientras crece. La acción diplomática mexicana en Estados Unidos es amplia pero debe crecer aún más, con una estrategia enfocada a las acciones que redunden en beneficio de los mexicanos de aquí y de allá. Por eso el cambio de embajador y de funcionarios de la cancillería es una oportunidad para tomar una posición más a la vanguardia. En la coyuntura política actual parece haber llegado el momento de plantear una relación de mayor perfil en Washington para dotarla de los atributos de un socio estratégico con el vigor suficiente para generar acciones conjuntas mucho más ágiles y coordinadas.

La agenda bilateral ahora mismo tiene una perspectiva mucho más pragmática dado que la emigración de mexicanos se ha reducido dramáticamente en los últimos años, que el narcotráfico y el terrorismo se combate con muchas más herramientas de inteligencia compartida; y mientras la actividad económica crece de la mano de una reconversión energética, de una mayor consumo y de un comercio bilateral que ha rebasado los 550 mil millones de dólares anuales.

Dado que en ambas naciones habrá elecciones la oportunidad de construir puentes más complejos que aseguren el interés común es la táctica que parece más adecuada. Habrá que agradecer al proceso electoral norteamericano y sus estridencias que se conviertan en un catalizador para fortalecer nuestro papel en el mundo comenzando por vigorizar la defensa de nuestros intereses en Washington.

La sangre joven que entiende plenamente los atributos de la nueva sociedad digital y sus intereses que van mucho más allá de la concepción tradicional de las fronteras seguramente dará el siguiente paso en una de las relaciones bilaterales más vigorosas entre dos naciones en el mundo. Para ello hay que atreverse a poner en la agenda los temas militares, el armamento, el mercado común de energía, la integración tecnológica y la explotación conjunta de intereses en otras partes del mundo. El cambio de interlocutores es buena señal.

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