Lunes, 17 de Mayo 2021

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El fuego de Tim Burton

Por: Dolores Tapia

El fuego de Tim Burton

El fuego de Tim Burton

“El hogar de Miss Peregrine y los niños peculiares” es un postre para sibaritas cinematográficos, que además gustan de sabores exóticos. Vaya al cine y empáchese pues.

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En esta película dirigida por Tim Burton podemos ver a una puntual Eva Green, quien interpreta a una mujer pájaro (la imagen es poderosísima). El director de “Alicia en el país de las maravillas” nos hace ver pues en dicho personaje un maridaje entre Mary Poppins y Maléfica y, por otro lado la historia se ubica en un espacio alterno, por allá en la Segunda Guerra Mundial.

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Burton se ha basado en la obra para niños de Ramson Riggs quien con esta publicación se colocó por meses en la lista de libros más vendidos de The New York Times. Un raro con otro raro, qué delicia.

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Riggs contaba —en su libro—con una amplia colección de fotografías inexplicables (niños levitando, niñas espectrales o gentecita contorsionándose) las cuales en sí mismas no contaban tampoco una historia lineal, digamos. El libro (publicado en 2011) encantó a Burton, quien decidió armarse su propia historia, inventándose a una Miss Peregrin que capitanea el asunto y quien además tiene la habilidad de manejar el tiempo. La historia se habita de maravillosos personajes singulares, todos niños fantásticos que tienen poderes: dan vida a objetos, manipulan el aire, vuelan, son invisibles y hasta crean fuego. Obviamente todas las imágenes remiten a la mística propia del submundo.  

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Independientemente de las críticas que ha recibido el filme, yo agradezco la existencia de un espíritu —en el cine— como el de Burton, quien a partir de lo extraño nos transforma poéticamente las roturas de los muertos y la singularidad de lo dark. Este toque genial es una brisa fresca que nos remite a Allan Poe, obvio. Como buen autor (obsesionado con sus improntas), Burton nos remite a “El Gran Pez” en el arranque del filme, luego aparece el horror melancólico e inigualable.

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Tim Burton es un autor personal, onírico, obsesivo (desde mi parecer, hasta la rabia) sin embargo —y esto no es crítica, es obviedad— trabaja en Hollywood lo que le obliga por decreto a dar un par de concesiones creativas a la industria. (Vaya usted a ver la peli y juzgue por sí mismo).
 
No sé cuál sea su obra maestra, ni soy quién para juzgar cuál es su trabajo más personal, pero en este momento, en un contexto donde las películas que defienden la visión única de cualquier autor o de una carrera con voz propia, son pocas y, para mí el trabajo de Tim resulta una bocanada de aire fresco, poesía tétrica y belleza espectral pura y dura que me obliga, como espectador, a bajar a mi propio inframundo y encontrar mis propios poderes.