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Sábado, 19 de Octubre 2019
Ideas |

El efecto Iguala

Por: Diego Petersen

El efecto Iguala

El efecto Iguala

Guerrero ha sido históricamente un Estado complicado de leer. La cultura de las armas que ahí se vive difícilmente la encontramos en otro lugar del país. No sólo es la cuna de una de las guerrillas más duras y longevas del país, sino que ningún otro Estado aporta tantos elementos a las fuerzas armadas como éste. Para terminar el coctel, durante los últimos años se ha desarrollado ahí uno de los grupos más violentos del crimen organizado, el que encabezaron los Beltrán Leyva.

Guerrero es, además, un Estado de enormes contrastes sociales, con el desplante de los ricos en Acapulco y cientos de comunidades en el abandono y en la peor de las pobrezas. Su estructura política es caciquil y el desarrollo del PRD, partido que ha gobernado Guerrero por más de una década, está más vinculado a los conflictos internos del PRI, muchos de los cuales se resolvieron a balazos, que a una evolución de los grupos de izquierda.

Que fuerzas del Estado arremetan contra los estudiantes y los mate, es de por sí una desproporción; un país en el que el gobierno mata a sus jóvenes no tiene futuro. Pero que el asesinato haya sido ordenado por el narco y con la complacencia y cooperación de la policía de la capital, habla de un una ausencia total de Estado.

El problema va más allá de Guerrero, del huido alcalde de Iguala y del temeroso gobernador. El asesinato de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa pone al Gobierno federal bajo la lupa y contra las cuerdas en temas de derechos humanos a nivel internacional (es la segunda matanza masiva y sin explicación en la que participan fuerzas armadas en menos de 60 días) y opaca las buenas noticias de las reformas económicas frente a la barbarie desatada en el país. Pero en el caso concreto de la reforma educativa, la matanza de Iguala la pone en vilo. Parte fundamental de la estrategia del Gobierno de Peña Nieto era, pasando la reforma energética, entrar de lleno al combate de las secciones más rijosas del magisterio, las de Guerrero, Michoacán y Oaxaca, donde opera la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que no sólo mantienen el control de gran parte de la estructura educativa de estos estados sino que tienen vínculos muy estrechos con grupos de guerrilla que, aunque su aparición pública es intermitente, se han mantenido vivos desde hace 40 años.

Los estudiantes de las normales rurales y las secciones sindicales vinculadas a la Coordinadora van a tender a radicalizarse y con ellos muchos otros grupos del país a los que el sistema ha dejado sistemáticamente fuera. Si el Gobierno federal no activa efectivas estrategias de contención (y que el Presidente salga a dar una rueda de prensa para no decir nada no es una de ellas) Iguala puede convertirse en un punto de quiebre en la gobernabilidad de este país.

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