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Martes, 21 de Noviembre 2017

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El destino de México, atorado

El destino de México, atorado

El destino de México, atorado

México tiene un espectacular destino para dentro de 10 o 15 años. Tenemos prácticamente todas las reformas para llegarle. Somos la 14a economía mundial y aspiramos ser parte de las cinco primeras pronto. Un obstáculo. La madre catastrófica de los males de nuestro país: nuestra aterradora impunidad. De 10 ilícitos incluyendo delitos y todo casi siempre las cifras de los castigados ronda sobre uno o dos. En el mejor de los casos un 80% no castigados.

Con impunidad no hay justicia. Sin justicia no hay seguridad personal o jurídica como para afianzar el cumplimiento de contratos. Eso espanta a la inversión nacional y extranjera (son lo fundamental para el camino). Con impunidad la corrupción muere de risa. Solo no roban los que no quieren. Así, no podremos jamás deshacernos de tanto delincuente haciéndose pasar por político o funcionario. Por eso cuando se les exhibe, ni se inmutan: no los investigarán. También idolatra al clientelismo: compra del voto y fidelidad a cambio de un cargo, dinero o servicio. Por eso la política está infestada de lacras. Y hay una muy justificada furia social, aderezada por una economía poco pujante respecto de su potencial.

López Obrador no quiere ese destino. Además de expresamente pretender regresar al México previo a su apertura económica de a partir de 1982; es decir, al de López Portillo y Echeverría, su principal discurso es el de la impunidad como receta para terminar con la corrupción e inseguridad. Para mí, eso es veneno mortal.

Dice: si el de arriba no es corrupto el de abajo no. Es un disparate como el contrario: si el de abajo es corrupto, el de arriba también. Y siniestro. Para lograr la santidad de los gobernadores, y todos los funcionarios públicos del país, con tan solo su arribo al poder, habrá de perdonarles todo y hacerse pato para al menos aparentar.

Combate a la delincuencia, otra tontería. Su llegada terminará al narcotráfico, sus reyertas violentísimas, los secuestros, los robos y demás. Nítido: no va a combatir las mafias, tal como se ha hecho —y no puede ser distinto—. Esto implicaría un pacto tácito o expreso con el narco. Significaría regalarles nuestra soberanía para su control territorial.

Recapacitando y abjurando de la famosa “Mafia en el Poder” —a la cual pertenecemos todos sus opositores—, habrá patente de impunidad y se limpiarán todos los pecados. Pero ojo, no hay una mafia en el poder, son varias. Y MORENA es una. ¿Si no, como explicar el nombramiento del Lagartopeje de los Abarca; narcos y matones —entre ya no sé cuántos detenidos— de los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Y tanto dinero yendo y viniendo? ¿Y sus siempre sospechosas cuentas personales? ¿Y las triangulaciones ilícitas, y tantas cosas y sepa que más?

La furia social mexicana puede cometer un dramático error. Llevar al poder al cuya principal propuesta y prácticas son la razón de su desasosiego.

Propuesta: convocar a un pacto nacional con todas las autoridades del país, partidos y sociedad para por lo menos invertir las cifras de 1 de 10 a 9 de 10 en un par de años, para abrirnos finalmente paso hacia nuestro destino. Sí se puede lograr.

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