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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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El circo de Javidú

El circo de Javidú

El circo de Javidú

Parece un guion escrito por Gaspar Henaine, el mismísimo “Capulina”. Una comedia de enredos, dirían las abuelas, esas que, de tan malas, hacen reír a carcajadas. Podría ser una película ideal para pasar la tarde al lado de una enorme bolsa de palomitas, si no fuera porque lo que está en juego es el patrimonio de los veracruzanos, la vida de 18 periodistas y decenas de víctimas de abuso de poder que no están representados en los juicios contra el ex gobernador Duarte.

El papelón de los fiscales de la Procuraduría General de la República, que fueron regañados en vivo por el juez, pues ni siquiera se tomaron la molestia de cuadrar las cifras, es para despedir al procurador. Ya sabemos que no va a renunciar, porque en este país nadie renuncia al hueso, pero es de pena ajena lo que sucedió en el primer día de juicio a Javier Duarte, el ex gobernador más conocido en este país: de los más de 400 millones que le imputaban solo aportaron pruebas por 38.

Pero, ¿cabe la posibilidad de que estas pifias estuvieran en el guion; que las equivocaciones sean intencionales para que el señor Duarte sea solo un chivo expiatorio momentáneo y no se le juzgue realmente por los delitos que cometió? En este país, lo sabemos de sobra, todo es posible. El caso está tan mal armado (la sonrisa del acusado ahora la porta el abogado) que todo apunta a que Duarte estará poco tiempo en prisión y que la señora merecedora de abundancia se quedará con todo el dinero producto de la corrupción gracias a un divorcio a tiempo y la ineptitud consciente.

Soy enemigo de la justicia flamígera y vengativa. Más aún, no me interesa para nada ver a Javier Duarte en la cárcel. Lo importante es que se haga justicia a las innumerables víctimas de abusos de poder por parte del gobierno de Veracruz y que todos sus colaboradores, y no solo él, rindan cuentas, regresen lo que se robaron y restituyan todo el daño al erario. Si no lo hacen, entonces sí, que se les prive de la libertad.

Todos los actores políticos piden un castigo ejemplar en este caso; nadie pide justicia. Eso es jugar para la tribuna porque, seamos sinceros, no hay castigos ejemplares; nadie experimenta en cabeza ajena. Lo que está construyendo la clase política, desde el Presidente hasta el procurador, pasando por los flamígeros acusadores del PAN, PRD y no pocos miembros de la sociedad civil, es un circo en el que lo único importante es el aplauso del respetable.

Como todo circo malo, en el de Javidú, todo es previsible. No le cambie: ahí viene ya el pastelazo.

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