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Martes, 17 de Septiembre 2019
Ideas |

El cielo tapatío

Por: Diego Petersen

El cielo tapatío

El cielo tapatío

Finalmente los alcaldes parecen haber tomado en serio el tema de los espectaculares. La recuperación del derecho de mirada es parte fundamental del espacio público. Como todo bien público, la explotación del espacio visual es una concesión que administra el Gobierno. El problema con los espectaculares es que durante años nuestras autoridades no consideraron el cielo como parte del espacio público ni el derecho de los ciudadanos a tener una vista agradable como un bien. No entendieron que llenar la ciudad de carteleras gigantes no solo constituía un riesgo, sino también una contaminación visual. O quizá lo que realmente entendieron fue que se podía hacer negocio con propiedad ajena, es decir, usufructuar lo que era nuestro, el espacio público, a cambio de favores políticos, contribuciones de campaña, anuncios gratuitos, etcétera. El abuso llegó a tal grado que hoy lo que tenemos es una sobreoferta absurda de carteleras espectaculares en el que una buena parte están o vacías o prestadas a “buenas causas” que lo único que hacen es justificar el mal uso del espacio público (el resultado es de risa, pues cuando uno entra a Guadalajara por el aeropuerto lo que más se ve son anuncios de table dance y religiosos, lo que muestra con una nitidez involuntaria la doble moral de la sociedad tapatía). Hoy el problema es que tenemos empresas con derechos adquiridos que viven de usufructuar una graciosa concesión de las autoridades de un bien que es nuestro. Además de los propietarios de las empresas hay un gran número de propietarios de predios donde se desplantan las estructuras de los anuncios que reciben una renta y que no pagan impuestos por ello. La maraña de intereses no es menor y esa es la causa fundamental de que un simple problema de autoridad se convierta en un grave tema político y urbano. Hay dos formas de ver el problema. Uno, como lo hizo la ciudad de Sao Paulo, en Brasil, es considerar el cielo como un bien público en el que todos tienen igual derecho a su disfrute o a su usufructo. Así pues, si a alguien se le permite tener una estructura de espectacular en su terreno se le debería de permitir a todos sin excepción, por lo que sólo tenían dos opciones: o liberar absolutamente los permisos para espectaculares, lo cual iba a acabar no solo con la ciudad sino con el negocio, o se prohibía definitivamente todo tipo de espectaculares. Optaron por lo segundo y la ciudad se limpió en cuestión de semanas. El otro es administrar el bien público en función de los intereses de la ciudad. La ciudad tiene todo el derecho a decidir dónde, cuánto, y de a cómo cobrar los permisos para este tipo de anuncios. Y aunque estas definiciones implicarán problemas jurídicos, alguien tiene que comenzar a hacerlo. Guadalajara y Tlajomulco ya comenzaron. Ojalá no se petardo de una día y esto sea el comienzo de una buena administración del cielo tapatío.

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