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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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El bello y el bestia

El bello y el bestia

El bello y el bestia

Alguien dirá que el problema con las redes es que, ahora, las tomamos de pretexto para casi cualquier reflexión. Y así es. Quizá porque, sin necesidad de aplicar las más básicas metodologías sociológicas y salir a la calle, nos permiten acceder a un microcosmos de reacciones (en tiempo real, dirán los entusiastas) de diferentes grupos sociales, que pueden llegar a reflejar, en síntesis, algo parecido al pensamiento de la sociedad (al menos, hasta donde dé la diversidad de nuestros contactos en las redes, porque hay muchos que tienen el vicio de solamente interactuar con los que piensan exactamente como ellos y eliminar o bloquear a los disidentes, con lo que el dichoso experimento sociológico se va a la goma).

De las redes sale este caso para pensar. Comienza cuando muchos jóvenes comparten una fotografía en que el reguetonero Maluma (que ha sido objeto de controversia entre sus aficionados y un grupo de detractores, que lo acusan de machista) aparece, con gesto satisfecho y un libro del escritor francés Albert Camus entre las manos. Previsiblemente, a quienes compartían esta imagen se les fueron encima los que piensan que Maluma es una mala influencia (o algún término equivalente). “Ese ni ha de saber leer”. “Ahora resulta que se las quiere dar de inteligente”. “Miren nomás a ese antropoide, a punto de morder el libro”. Luego, también predeciblemente, sobrevino el contraataque de los aficionados a Maluma, que repusieron que su héroe tenía derecho a leer lo que le diera la gana. “Así de guapo, que lea lo que quiera o que ni lea”. Los apoyaron, de inmediato, quienes piensan que es un esnobismo pensar que Maluma no puede leer a Camus dado que el reguetón es un ritmo popular. Salió a relucir la palabra mágica que mueve hoy día casi todas las reflexiones en las redes: discriminación. Total, que al bello lo acusaron de bestia y hubo golpes en todas direcciones, como suele ocurrir.

Ahora bien, acá hay varios motivos de interés. El primero es que la “alta cultura” sigue siendo un motivo de presunción pública. Es difícil pensar que un superestrella que cuida cada prenda de ropa que usa no sepa qué libro tiene en las manos y, lo lea o no, lo que significa aparecer con él. Claro que lo sabe y apuesta a beneficiar su imagen, como hace una superestrella con cada una de sus publicaciones. Lo segundo es que queda claro que la “baja cultura” es, aún, la pluma de vomitar de muchos que siguen pensando que son unas almas refinadas condenadas a estar rodeadas de salvajes.  

Por mi parte, pienso que si algunos de los miles de aficionados a este buen hombre (cuya música, aclaro, no me interesa) llega a saber quién es Camus y a leerlo gracias a la dichosa foto, se gana más de lo que se pierde. Camus no es herencia de un grupo de iluminados sino una de las mentes más lúcidas del siglo pasado. Estoy seguro de que no le hubiera preocupado nada que alguien como Maluma lo leyera.

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