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Sábado, 18 de Noviembre 2017

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El baile de San Francisco

El baile de San Francisco

El baile de San Francisco

San Francisco está en riesgo. No el santo, el templo. No es una exageración o el capricho de un grupo; es el resultado de estudios serios. Nadie puede asegurar que se va a caer, pero no se trata de eso. El problema es que nadie puede asegurar que no sufrirá daños mayores con el paso de la tuneladora. Daños mayores significa desde que las grietas que ya presenta se amplíen hasta el desprendimiento de una parte de la bóveda o más. Insisto, no se trata de alarmar, sino de que todos estemos seguros y tranquilos de que no pasará una desgracia patrimonial.

El domingo hubo un pequeño temblor. Tan leve que la mayoría de nosotros no lo sentimos; si nos enteramos fue por el servicio sismológico nacional. Pero San Francisco sí lo sintió y lo resintió: el testigo, la marca que ponen los ingenieros, en una de las grietas que aparecieron por las obras de preparación, se abrió cuatro milímetros.

Yo no soy ingeniero, por eso agradezco que uno de los técnicos me lo haya explicado de manera sencilla y trato de transmitirlo de la misma manera. El templo y el suelo han sido muy buenos compañeros de baile por 400 años. Se han movido al mismo ritmo, sin caerse ni pisarse. Al enriquecer el suelo en la parte Noreste del templo, una obra que se realizó para ayudar a evitar movimientos al paso de la tuneladora, literalmente lo sacaron de balance. El compañero de baile de San Francisco ahora tiene una pata más rígida que se mueve a un ritmo diferente: la oscilación del suelo, de acuerdo a estudios ya realizados, es distinta en una parte que en otra del templo, y eso está provocando el quiebre de la estructura.

El Gobierno federal ha hecho oídos sordos y el estatal hace como que la virgen le habla. No quieren parar la obra porque cuesta un dineral (más o menos 4.5 millones de pesos por día) además de que ya van muy retrasados. Pero un templo barroco como San Francisco no tiene precio, es parte de nuestro patrimonio, de los tapatíos y de los mexicanos. De acuerdo a la programación de obra la tuneladora pasará exactamente por debajo de San Francisco en unas cinco semanas, digamos a mediados del mes de mayo. Si no se toman decisiones ya y se invierte lo que haya que invertir (20, 30 o 50 millones, lo que cueste) para asegurar al templo, en unos pocos días nos vamos a ver en la terrible decisión de parar la construcción o poner riesgo, innecesariamente, una obra patrimonial.

Tírenos a locos a todos los “exagerados”, no pasa nada. Lo único que queremos es que las autoridades federales (SCT e INAH) y las estatales (Sitren y SIOP) den la cara y, con estudios en la mano, y no con rollos, promesas y actos de fe (de la fe que se encargue la Iglesia) nos digan a todos los tapatíos qué van a hacer para evitar cualquier riesgo. ¿Es demasiado pedir?

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