Jueves, 13 de Mayo 2021

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El Jardín Escultórico

Por: Vicente García Remus

Parte inicial Tapalpa atesora un hermoso, enriquecedor y expresivo rincón, llamado, “El Jardín  Escultórico”. La calle Luis Enrique Bracamontes Gálvez, zigzaguea en Hidalgo para continuar su bajar, del lado derecho se encuentra la casona de Federico Gálvez Gutiérrez, hoy “Casa de la Cultura”, comprendía toda la cuadra, la puerta principal fue conformada por cinco arcos de medio punto, el último fue dentado en la barda, arriba, un nicho con la Virgen de Guadalupe, del lado derecho hay cinco ventanas arqueadas y 13 respiraderos del tapanco, del lado iAzquierdo, tres ventanas, dos espigadas. En el segundo nivel están siete ventanas, de los tejados, sobresalen ocho chimeneas, después de la casa se encuentra el Jardín Escultórico, antaño jardín de la casona, que tuvo la primitiva alberca del poblado, y en sus jardines andaban sigilosos unos venados, en la esquina con Matamoros había un pequeño establo y un gallinero aledaño. Federico fue descendiente de José Vicente Gutiérrez (oriundo de Arandas). En 1840, los norteamericanos Ricardo Jones y Norberto Noble le propusieron a José Vicente, el proyecto de una fábrica de papel, en su Hacienda el Molino. A José Vicente le interesó e invitó a la Junta Industrial de Sayula a comprar acciones. La maquinaria llegó al puerto de Veracruz y a la fábrica la nombraron La Constancia, siendo su primer director Ignacio Vizcaíno, luego John S. Blacker y después, William Henry Broadbent. José Vicente se casó con Nepomucena Sánchez y se sabe de dos hijos: Mauricio y Anastacio. Su segunda esposa fue Dolores Arantón. Tuvo un hijo de igual nombre, quien se matrimonió con Mercedes Rulfo. En la tumba de la familia Gutiérrez están: Susana Forbes de Gutiérrez (11-12-1876), Nepomucena Sánchez de Gutiérrez (07-10-1869), Gabriel Gutiérrez Forbes (09-08-1876), María Guadalupe Gutiérrez (07-09-1869) y José Vicente Gutiérrez (23-05-1869). Parientes de los fundadores de la Casa Forbes. A finales del periodo de Ledezma, las altas bardas del jardín de la casona se tiraron, para dar paso al nuevo Jardín Escultórico, varios fresnos que sofocaban el espacio fueron talados, quedando gruesos cedros blancos, zapotes, chirimoyas y fresnos. Chava Hernández, coordinador de Tapalpa Pueblo Mágico, me comentó que el objetivo del parque es exhibir  por nueve meses, nueve esculturas de destacados artistas, con apoyo de particulares, y que existe un anteproyecto para utilizar las ruinas de la cochera, de las caballerizas y de las bodegas, en áreas de talleres culturales, una biblioteca y juegos infantiles. Una tibia mañana, Policarpo Aguilar, Manuel Figueroa y yo fuimos a gozar del jardín, subimos emocionados por el andador de la esquina, la primera escultura que admiramos fue, “La Guelaguetza” (1996) de Sebastián, técnica, hierro policromado, en azul fuerte, de unos rectángulos se desprende un anillo que se eleva y al cerrar la circunferencia, toca con gracia y movimiento su parte superior, donde volúmenes piramidales y rectangulares se unen en armonía, la escultura se colocó sobre un balero, que le permite girar y ser apreciada por bastantes ángulos. Jaime Bali, nos dice: “Corría el año de 1965, la Escuela Nacional de Artes Plásticas concedía el primer lugar a un joven que apenas un año antes se había inscrito como alumno regular en la Academia de San Carlos, Enrique Carbajal, nacido en Santa Rosalía de Camarco, Chihuahua, creador de lo inesperado, a la vez le imprime movimiento… saben de su tenacidad y de su esfuerzo puesto a prueba en el espacio, a partir del ejercicio cotidiano y del manejo de conceptos que encierran una gran complejidad y desde luego un enorme atrevimiento… trazos armónicos”. Y Víctor Hugo Rascón Banda, citó: “Tomó el metal en sus manos, lo doblego y lo hizo hablar el lenguaje de las estrellas. Trazó en el papel, ese material primitivo ya desaparecido, unas líneas, y el papel se convirtió en cartón y el cartón en acero y sus criaturas, colores de metal, se alzaron… para retar soberbias al cielo. Sus esculturas hablan. Expresan orgullo y soberbia, serenidad y fortaleza. Que muy joven, siendo modelo en la clase de pintura para un ejercicio sobre San Sebastián, el santo flechado, se quedó dormido y el maestro gritó, despierten a ese Sebastián, de ahí su nombre”. Enseguida contemplamos la pieza del cubano, Rafael Miranda San Juan, llamada “Autorretrato” (2005), técnica, madera y cerámica, la pieza es un ser contemplativo, carente de corazón y con varios brazos extendidos, suplicando abrazos,  del corazón hueco se desprenden dos largas piernas, y cinco brazos salen por costado, cada mano en distinta posición y los ojos observando a los frondosos árboles, la cara con piocha saliente, labios carnosos, cejas pobladas, ojos perspicaces y el pelo hecho una lechuga, el cuerpo es de un solo madero, y la cabeza y los brazos son de cerámica.