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Martes, 13 de Noviembre 2018

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El Ejército y la Ley de Seguridad Interior

Por: Javier Hurtado

¿Para qué una Ley de Seguridad Interior en México? Los más radicales y suspicaces podrían decir: para militarizar el país y reprimir a la población. En el otro extremo están los que sostendrían: para proteger a la sociedad de amenazas de todo tipo que pongan en riesgo su seguridad. Otros más señalarían: para legalizar lo que de facto en la actualidad el Ejército viene haciendo. De entre estas opciones, la primera es la que estaría más alejada de la realidad. La segunda parece romántica, en tanto que la última, que puede ser la más acertada, no significa que los militares la pidan porque quieran hacerlo; sino porque, como no hay quién lo haga, quieren que se le dé un encuadre jurídico a funciones que realizan sin sustento legal.

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De tal suerte que el debate de fondo es definir por cuánto tiempo los militares habrán de cumplir funciones de seguridad pública y de persecución de los delitos. Hacerlo de manera permanente resultaría sumamente riesgoso por cuanto equivaldría a legalizar la militarización del país. El general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, en conferencia de prensa celebrada el pasado 8 de diciembre, al tiempo que urgía al Senado a expedir una ley que regule la actuación de los militares en la calle, sostenía en voz alta que los miembros del Instituto armado quieren volver a sus cuarteles, ya que “no estudiaron para perseguir delincuentes”; y, al hacerlo, su tarea “se está desnaturalizando”. Fue más allá y dijo: “Yo quiero pedir que nos ayuden con esto de la ley de seguridad interior, porque podemos servir mejor con un respaldo jurídico que le permita al soldado hacer las cosas que la propia ley va a autorizar”. Más aún, dijo que a los militares les sale más barato desobedecer a que los procesen por violar los derechos humanos.

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Debemos entender que el reclamo del general secretario es para que se legalice su actuación, pero de manera transitoria, nunca en forma permanente. Para evitar esto último, lo que se requiere es que el Estado mexicano ponga un plazo fatal para la profesionalización de los cuerpos policiacos y para el regreso de los militares a los cuarteles. También hay que decir que el general tiene la razón y que era necesario que hablara fuerte, como lo hizo. Los militares no existen ni han sido entrenados para perseguir delincuentes ni para andar pensando en los derechos humanos. Están hechos para la guerra.

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Ante esto, el propio Presidente de la República recordó que él es el Comandante Supremo y les dijo que si bien, la labor de seguridad pública no es de las Fuerzas Armadas, los militares seguirán en la calle hasta que se profesionalicen y fortalezcan los cuerpos policiacos. Aquí la pregunta es ¿hasta cuándo?

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En el debate se está confundiendo seguridad pública, seguridad interior y seguridad nacional; y lo que es peor, se quiere que las tres funciones las realice el Ejército, cuando su única función es la seguridad nacional. Mientras no se ponga un plazo perentorio para la profesionalización de los cuerpos policiacos, la presencia del Ejército en las calles será eterna. Y mientras no cambie la política del Estado mexicano hacia las drogas, el regreso de los militares a los cuarteles cada vez será más distante.

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